
Jóvenes carreristas, que diría el añorado Tierno Galván, vuelven a salpicarnos con su sudor tras sus galopadas sorpresivas por las aceras ciudadanas. Acaban las fiestas del solsticio y miles de angustiados por los números que cantan las romanas (Cela) se tiran a las calles desesperados, con la intención de deshacer Seguir leyendo









