Arguiñano

Teresa Muñiz
Fotografía: Teresa Muñiz
Teresa Muñiz
Teresa Muñiz

Hablar de Karlos Arguiñano a estas alturas parece una perogrullada, pues ¿qué se desconoce del cocinero vasco? Es tan popular como los mejores futbolistas y tan próximo a nosotros como nuestro simpático y mejor tío. Lo que se conoce menos del cocinero de Beasain es la influencia que ha ejercido, y mantiene, sobre el vasto mundo  de la cocina, y el secreto de su permanente éxito y constante popularidad.

Estamos en los años de oro de la cocina española. Desde el decisivo libro de Simone Ortega, 1080 Recetas de Cocina, la eclosión de José María Arzak, el fenómeno de El Bulli de la mano de Ferran Adriá, y la explosión definitiva de platos, recetas y espectáculo que ha supuesto Master Chef, no ha dejado de expandirse ese oceánico mundo de la cocina, que empezó por llenarnos el estómago y aspira a saciar todos nuestros sentidos.

No hay periódico sin un gran espacio para contar la peripecia de un vino, una radio sin encendidos debates sobre la competencia entre pinchos, una televisión sin su programa de cocina (o cocinero simpático y resultón empotrado) y las redes todas inundadas de recetarios, blogs, recomendaciones y descubrimientos culinarios.

Este inmenso alud de fogones hirvientes, sin embargo, no ha logrado sepultar al principal de sus pioneros; muy al contrario, el rojo de la lava de tantas noticias y espectáculo consigue que lo veamos con mayor luz y lozanía, y que continúe, así, ganando en aceptación. A fuer de equivocarme (poco en todo caso), diré que Arguiñano es el único cocinero catódico cuyo programa no ha ido a negro desde que arrancara allá por el año 90 en una televisión vasca aún niña. Todos los demás seguidores o imitadores doblaron la rodilla, o se dedican al funambulismo o la astracanada, como es el caso de Chicote.

Arguiñano lleva más de veinticinco años divirtiendo y enseñando desde la televisión a comer a los españoles entre fogones de chistes e historietas. Su éxito es evidente pero su influencia en la modificación de nuestra dieta en el último cuarto de siglo es enorme, aunque su dimensión concreta aún está esperando un estudio serio que lo certifique.

Desde pequeños se nos dice que son los políticos con sus grandes decisiones (y guerras y revoluciones), los estudiosos e investigadores, con sus descubrimientos, y los artistas creando belleza, quienes modelan y hacen cambiar las sociedades y con ello, la historia. Pero existe otra forma de modelar a los hombres a través del estómago. También somos lo que comemos. Y nuestra felicidad, o infortunio, echan a andar a partir de aquello que ingerimos por la boca, convocando, o no, a todos los sentidos a disfrutar y llamando, o no, a miles de emociones.

No se conoce el secreto de su éxito. Sólo tenemos aproximaciones. Como tampoco tenemos todas las claves de por qué nos gusta el cocido, el buen jamón, la rebanada de pan auténtico, el aceite de oliva y mucha, mucha huerta y frutal en nuestras mesas. Arguiñano se ha mimetizado con sus mejores recetas, convirtiéndose él mismo en un suculento menú para el disfrute de millones de españoles.

Y, algo más, para mí lo más importante: logra salvar lo mejor de la cocina mediterránea y vasca de la riada de comida rápida, banal, desequilibrada y dañina (recuerda ahora tres de esos platos que llegan a apestarte) que nos arrastra, a pesar de tanta excelencia de cocineros para élites, cultivados y sibaritas.

Los mayores logros del cocinero en Zarauz, a parte de la construcción de una enorme personalidad programa a programa, son salvar al aceite de oliva de la ruina e imponer, entre guasas y argumentos, que jamás haya una mesa sin un plato con verde. Si repasamos el recetario enorme del vasco advertiremos que no menos del 20% de sus recomendaciones son ensaladas.

Teresa-Muñiz3-150x150TERESA MUÑIZ: “En numerosas ocasiones, paseando, asomada a una ventana u observando un objeto, nace en mi la necesidad de detener esa visión. Poseer esa imagen de una manera instantánea y veloz nada tiene que ver con mi trabajo pictórico, pero me sirve de referencia y confirmación de lo que en ese momento me interesa. Esta reflexión viene al caso porque, conversando con Pepe Nevado y celebrando nuestra colaboración tan fructífera que culminó con la publicación del libro Pan Soñado, se me ocurrió proponerle seguir caminando juntos pero en esta ocasión con fotografías. Aquí están”.

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2 comentarios en “Arguiñano”

  1. El simple gesto con el que sigue comenzando sus programas de lavarse las manos antes de manipular los alimentos evita muchos problemas de salud pública. El Ministerio de Sanidad de hace unas décadas, cuando era el rey de los fogones catódicos, se planteó premiarlo y patrocinarlo por esa labor silenciosa al servicio de la educación sanitaria en las cocinas de todos los españoles. Doy fe.

  2. Como además de buen cocinero es un magnifico actor, un 28 de Diciembre de hace muchos años, no me acuerdo exactamente, y por casualidad , vi esa mañana su programa y la elaboración de una receta que prometía con ingredientes pobres y baratos un plato con el mismo sabor y textura que la mejor cazuelita de gulas.
    Las falsas gulas se hacen, decía el maestro, con las raices de los mejores puerros del mercado, se dejan 12 horas a remojo y después de escurrir y secar bien se procede igual que si fueran auténticas.
    La noche de Navidad quise dar una sorpresa a la familia y seguí sus instrucciones paso a paso, a pesar del mal aspecto de las raices después del remojo y secado terminé de hacer la receta. Con toda la fe y cada vez mas mosqueo, las eché en la cazuela de barro y al probarlas y solo entonces, fue cuando me di cuenta de mi inocencia.
    Nunca mas he vuelto a ver su programa. Que tío! !

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.