Ayuso nos quiere vacunar

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Hasta el más distraído ha debido darse cuenta a estas alturas que vivimos en una distopía por cuenta de la pandemia de la covid-19, sus pompas y sus obras. No existe nada más que los estragos del bicho sobre nuestras vidas y haciendas. La realidad ha quedado suspendida, encerrada, quieta, en el desván. Nuestro mundo acaba convirtiéndose en una suerte de nirvana de miedo e irritación. ¿Dónde están los gobiernos? ¿A qué se dedican? Hasta los llamados trabajadores esenciales, tan aplaudidos, protestan y exigen.

“¿Por qué no me han vacunado ya?”, afirma irritado un agricultor montado en el tractor. El malestar y las exigencias son colectivos, pero el dolor es individual. Nunca en los últimos tiempos de España y Europa el ciudadano se sintió tan único, tan ‘Yo’ con mayúsculas. Espoleado por la mega información que tanto confunde (infodemia llaman al cáncer que hace crecer en nosotros las redes), quiere vacunarse ya y por su pinchazo hemos visto que se han saltado las interminables colas de España y Europa obispos y generales, alcaldes y princesas. Y decenas de miles de anónimos lograron asaltar sin que se sepa la jeringa goteante de AstraZeneca.

Una sanitaria de Canarias toma el altavoz y lleva su voz hasta la plaza proclamando que le habían sobrado más de 500 dosis: ¡vengan a aprovecharlas! Y su chiringuito sanitario colapsó. De la misma manera que más de 2.000 personas acudieron a las puertas del Hospital Virgen de Rocío, de Sevilla, atraídos por la mentira de una web: sevillanos, tenemos vacunas disponibles y sin cita previa.

 

«La población española malvive con el mono de la vacuna”.

 

El mundo loco de los políticos y periodistas (quién sabe si también de sanitarios e investigadores a estas alturas) se hace viral y salpica a todos uno a uno. Como bien escribe en El Mundo el periodista e ideólogo Arcadi Espada: “Estamos en la edad del desorden”. Así, lo mismo ocurre que la consejera de Sanidad de Castilla y León detiene la vacunación en su comunidad mediante un tuit, que el gobierno de derecha dura de Baviera negocia con Rusia la compra de Sputnik V por su cuenta, saltándose al gobierno de Berlín. La urgencia es tan enorme y el desorden, tan tolerado, que aquí “el que más chifla, capador”. Nada  que no satisfaga mis deseos es aceptable.

Es el tiempo más propicio para el bucanero político (autoritario y populista) y el empresario sin escrúpulos y desreglado. La batalla por ganar influencia geopolítica de las grandes potencias somete a la Unión Europea, tan zarandeada, a una nueva prueba para comprobar su solidez y la resistencia de sus democracias. Si ocurriera que Alemania – en parecidos trasteos políticos y sociales que España – volara hasta Moscú para recoger su particular lote de Sputnik V, apaga y vámonos. El mercadeo de vacunas se concentraría en zocos clandestinos y las dosis se venderían una por una y adulteradas en muchos casos, como se practica con la tan necesaria droga que precisa el yonqui.

Porque gran parte de la población española y europea malvive con el mono de la vacuna, y por ello está dispuesta para el asalto y atraco (o ser atracada) de los poseedores del nuevo opio salvífico. ¿Se imaginan a Puigdemont decidiendo sobre qué catalanes se vacunan? O, sin ir tan lejos, ¿a Ayuso, tan ayuna de complejos, con libertad absoluta de manos?

 

“Si cada gobierno va a lo suyo, iremos a un sálvese quien pueda”.

 

Se estrena estos días la película “Otra Ronda”, de Thomas Vinterberg, que se adentra en la relación del tan manipulado asunto de creación literaria y alcohol. Grandes escritores han sido (y hoy son) bebedores feroces. En el periódico La Vanguardia leemos que más del 70% de los literatos norteamericanos conocidos tuvieron relación intensa con el alcohol, y que cinco de los siete premios nobel de literatura de USA bebieron como diablos. De ahí florece el mito de que literatura y alcohol son los gemelos perfectos. Pero la realidad es que tanto estos escritores como el licoris común que se da por millones vivieron (o padecen) en infiernos furiosos, resacas apocalípticas, llanto y babas.

Algo, que salvadas sean las distancias, bien pudiera ocurrir con esta ansiedad máxima por encontrar la vacuna con la que juegan los que se creen los más patriotas y eficaces. Si cada gobierno, partido, gran institución o empresa va a lo suyo en esta tarea, iremos a un sálvese quien pueda que nos llevará a la mayoría (eso, sí, uno por uno) al desgarro y la catástrofe.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.