Elecciones en Castilla y León con enemigo a las puertas

Verán, cuando eran las nueve de la noche del domingo 13 de febrero y la España política solo tenía ojos para atender a los resultados que traían las urnas en Castilla y León – el PP tendría que dejar de ser coaligado de Ciudadanos, que se hunde definitivamente, para echarse en manos de Vox y poder formar gobierno -, España y todo Occidente estaba (y permanece) en alerta máxima.

El espionaje norteamericano había advertido de una invasión rusa de Ucrania, que llega a precisar que será el 16 de febrero. Los embajadores de los 30 países de la OTAN se mantienen en sesión permanente y se convoca una reunión de urgencia del Consejo Atlántico para las 10:00h de hoy día 14.

El mundo occidental se encuentra en estado de alarma. Si Putin ordena fuego, como anuncia el servicio secreto occidental, 40 millones de ucranios serán blancos potenciales del cañón ruso; el suministro de gas se cortará para ellos y se extenderá a gran parte de Europa: apagones y cortes de suministro eléctrico. Aumentarán en número y agresividad los ciberataques contra infraestructuras estratégicas: Internet, redes de energía… Y se abrirá una crisis migratoria extraordinaria que se cifra en hasta 8 millones de refugiados ucranios y de otros países limítrofes.

Los escasos líderes occidentales que son atendidos por Putin le trasladan que detenga esta locura. Veremos qué decide. La primera batalla, sin embargo, la ha ganado: aterroriza a un Occidente plácido que no cree que sea cierto lo que ve, oye y lee en los medios de comunicación.

Europa – ese viejo continente que se ha olvidado de qué es la guerra tras más de 80 años sin ejércitos combatiendo en su suelo – es hoy un antiguo y enorme crucero pobremente artillado y mal gobernado al albur de una fenomenal marejada que crece desde el Este. Y sus gobiernos, en silencio, aún confían que esa bravata de 130.000 soldados rusos amenazando en las fronteras de Ucrania y Bielorrusia sea al cabo solo una broma pesadísima de Moscú para medir hasta dónde puede llegar la respuesta de la OTAN.

No obstante, todo lo que desborda la amenaza parece cierto, salvo que los servicios secretos de Estados Unidos y otros países estuvieran siendo engañados por la inteligencia rusa.

 

«En Castilla y León las elecciones animan al avance del pasado».

 

Lo curioso es que este gran baño de realidad – Europa amenazada por la posible irrupción de antiguas guerras – sucede cuando solo estábamos atentos y abrumados por otras urgencias, retos y también amenazas derivadas del extraordinario, monumental y rapidísimo cambio de era que atravesamos. Sostenibilidad, energías limpias y digitalización masiva; inteligencia artificial, ciberseguridad, nuevas profesiones y otros empleos son los grandes retos de las próximas décadas. Como también lo es combatir y redirigir las enormes repercusiones que traen, como la desigualdad creciente y, sobre todo, el miedo que produce una mudanza tan rápida y extraordinaria.

De la gran dificultad de esta travesía acelerada que las nuevas tecnologías y el orden político duro imponen, hace unos cuantos años que se nos viene avisando. Algunos raros y difíciles filósofos y también eminencias de otras materias como la Historia advierten de que se acelera el paso del mundo de manera peligrosa, pues la mentalidad común y muy mayoritaria difícilmente puede asimilar (hacer suyo) tamaño cambio; crece la angustia y con rapidez el miedo, la ira y el deseo apremiante de dar marcha atrás.

La batalla contra este estado de cosas se plantea políticamente de manera clara: populismos, nacionalismos y toda clase de ultras combaten para recuperar las viejas costumbres, mientras que de otro lado, en crecientes foros académicos, intelectuales y científicos, se anuncia una lucha tozuda y larga contra la informatización del mundo basada en algoritmos cargados de ideología y sin ética, pues el relato del capitalismo de las últimas décadas ha hecho creer que no hay límite para la acumulación de riqueza como tampoco para la pobreza.

En estas estamos cuando en Castilla y León las elecciones autonómicas animan al avance del pasado. No sorprende.

Fotografía
Fuente: Unsplash

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