Crisis permanente a baja temperatura

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Escribe el cronista político serio y de referencia que el Gobierno zanja “la primera crisis importante de gobierno de coalición tras seis semanas de paz”. La desavenencia entre los coaligados vino por entender de diferente manera la política migratoria que debe seguir el Gobierno tras la sentencia del tribunal de Estrasburgo, que valida las llamadas devoluciones en caliente, y por la urgencia en remitir al Parlamento el proyecto de ley sobre libertad sexual.

No parece leña suficiente para que a estos chispazos les llamemos hoguera. Pero de esta manera se califican las discrepancias entre los dos partidos en coalición: crisis importante. ¿Y a qué adjetivos acudiremos cuando las crisis sean auténticas, por asuntos de calado?  No preocupa, el español es riquísimo en palabras exageradas y sobran portavoces feroces.

Debiéramos, no obstante, acostumbrarnos poco a poco a convivir con un gobierno de coalición por primera vez en España; tomar nota de cómo se las arregla para convivir; reflexionar sobre lo que vemos, o se nos presenta, y hacernos cuanto antes a la idea de que estamos ante una situación política – casi un acontecimiento – totalmente nuevo en nuestra democracia: dos partidos que comparten los mismos caladeros electorales en un tiempo en que casi todo es espectáculo y fingimiento.

El gobierno presidido por Pedro Sánchez está, y así continuará mientras dure la legislatura, rastreado por los más poderosos proyectores antiaéreos del mercado atentos al mínimo ruido para disparar. Así que todo bien pudiera ser tronar de sirenas sobre un gobierno en estado de alerta permanente.

En todos los gobiernos democráticos de la Tierra aparece el debate y la discrepancia; también en los de partido único, que tratan de que no se hagan públicas las diferencias y, en todo caso, acuden prestos a acallarlas cuando se filtran o son expuestas abiertamente por alguno de sus miembros.

 

«Pablo Iglesias y los suyos dirán sí o no según convenga».

 

Ahora, sin embargo, estamos en tiempo de políticas-escaparate; todo movimiento o anuncio político debe de llamar la atención, sorprender. Lo sustancial es hacerse notar, marcar la diferencia con el otro, hacerse el chulo (o el macho); parecer imprescindible, el último motor: sin mí no sois nadie. Se trata de marcar posturas con la ideología, ella es el auténtico valor, no la eficacia o bondad que pueda o no tener la decisión que se pretende adoptar.

Pedro Sánchez – con o sin Falcon, como gusta etiquetarlo la derecha – es un motor político considerable; tesonero y hábil táctico. Si no le vigilas por tierra, mar y aire en todo momento (siempre), te puede arrastrar, dejarte seco; sin iniciativa política, sin respiración. Por ello Pablo Iglesias y los suyos culebrearán constantemente, se harán notar, llamarán la atención, dirán sí o no según convenga. Saben que el mayor miedo que tienen los socialistas es dar imagen de desgobierno. Por ahí tratarán de cogerlos.

Aunque todo está por ver. Andar y ver, que decían los clásicos. Pedro Sánchez, está probado, aguantará como un buzo, pero no es seguro que todos sus ministros puedan resistir la alarma permanente fuera y dentro del Consejo de Ministros. En esta época en la que todo se decide en un tuit y la imagen que proyectan mil cámaras de televisión, lo único relevante es marcar la diferencia en los valores, la ideología convertida en guerra cultural. Porque llamar ladrón al inmigrante por el mero hecho de serlo no es un insulto, sino un episodio más de la batalla cultural que la extrema derecha y los populismos vienen dando contra la democracia. Sí, andar y ver.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.