No toquen la Constitución, por favor

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Ayer, la Constitución cumplió 43 años. Festejos institucionales y holganza pública. El Gobierno se había anticipado a las preguntas, deslizando que dejaba en la fresquera del tiempo su intención de reformarla. No es el momento. Otro año más – y pasan tres décadas – que se hace imposible. “Ni remotamente”, que diría la Raimunda de Almodóvar en su espléndida Volver. Todos sabemos por qué.

Desde que José María Aznar llegó a la Moncloa, los grandes acuerdos de Estado se hicieron imposibles en España. Su efecto dañino tocó a todos los que le sucedieron, a pesar de la insistencia de algunos. Hasta Pedro Sánchez tuvo su torpísima etapa del “no es no”. Y ahora, la mayoría abriría el melón de la Constitución si incluyera en su articulado “lo mío”.

Como sería una macedonia indigerible e inútil, ni siquiera insisten en su modificación. Como vemos, se puede cabalgar en la política española sin montura, a pelo, como ridiculizaba John Ford a los indios salvajes. Así vamos, a saltos, desmayos, aspavientos y gritos.

 

“El camino de la reforma constitucional está impracticable”.

 

La prensa llamada seria y los políticos de oscuro (en invierno, las rosas solo se dan en los invernaderos), como es su vocación, preguntan a destacados magistrados, catedráticos y algún político emérito, que los hay, por las reformas que necesita la Constitución del 78 para que continúe rentando. Apuntan decenas de cambios que parecen razonables en su mayoría, pero cuando levantamos la mirada y vemos y escuchamos explicarse a los políticos en pasarela, nos damos cuenta de que el camino de la reforma constitucional está impracticable, no tanto por las insalvables diferencias que unen a Unidas Podemos y Vox, pongamos por caso, sino por la terquedad definitiva de nuestro Pablo Casado del alma.

No ha llegado este hombre a la presidencia del PP para contribuir a las reformas urgentes y más necesarias de la Constitución, sino para negar en todo al gobierno y su partido.

Crece, a pesar de todo, el número de personas, sensatas y reflexivas, que se van sacudiendo el malestar y el pesimismo de este último tiempo, acudiendo al regazo de sentencias y aforismos de los clásicos. Así, comienza a oírse con relativa frecuencia que “Todo esto pasará”. Y no se equivocan, claro que pasará, aunque no sepamos con certeza cuándo.

 

“Unos y otros fracasaron estrepitosamente”.

 

Otros suspiran porque sea Bruselas, a fuerza de látigo y regañinas – o sea, menos pasta y puestas periódicas en vergüenza – quien enmiende algunos de nuestros funestos derroteros hacia el vacío. Los hay, en fin, muy esperanzados que aún creen que es posible una coalición PSOE-PP que venga a serenar al país.

En los últimos días Cándido Méndez – un grande de corazón y esperanza invencible – ha escrito un artículo en Vozpopuli en el que da cuenta que ha visto un rayo de luz, una transparencia rayando la oscura niebla. Se ayuda en el ejemplo del tripartito alemán presidido por un socialdemócrata. Quién lo sabe. Los grandes acuerdos solo son posibles cuando sus protagonistas también lo son y logran desprenderse un tanto de sus creencias y, sobre todo, de la gula del poder inmediato.

Me temo que no estamos en esas, al menos de momento. Seguimos muy esforzados en cavar más trincheras y abrir nuevos frentes. Tendrá que ser, una vez más, el voto quien tenga la última palabra. El mundo continúa profundizando en la polarización: buenos/malos; rojos/azules o negros, cuando ya se sabe (la mayoría conoce) que unos y otros fracasaron estrepitosamente. Y no hace tanto tiempo.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.