Tecnológicas: demasiados malos avisos

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

El boom social, la aclamación mundial de las tecnológicas – de Google, Facebook o Amazon, por ejemplo – podría estar llegando a su clímax. Son demasiadas las voces y las evidencias que denuncian sus abusos y hablan de miedo; que esa red mágica extendida por el mundo, mallándolo tanto como a nuestro ánimo, da señales de que también podría atraparnos, asfixiarnos con sus ofertas de mago. El gran hermano silente, a medida que engorda y multiplica su oferta de servicios, va dejando como sin querer huecos que nos estorban y en los que en ocasiones tropezamos.

Nuestra inquietud crece porque nos llega, por ejemplo, que a dos amigos les tangaron en sendas transferencias; porque nuestra vecina no pudo acceder a un trabajo en una multinacional porque su currículo digital indicaba que había sido “ligerita de cascos” (sic); porque muchos están hartos de que los robots les inunden de anuncios; porque el corte de luz le impide sacar dinero del cajero…  Las redes ya no son del todo un milagro.

El rugido de fondo, sin embargo, es el que vienen mostrando en los últimos años osados tecnólogos, pensadores, sociólogos, abogados, economistas, periodistas y, de manera extensa, el amplio y siempre alerta mundo de la cultura. Nos dicen, en síntesis, que esos monstruos modernos nos convierten en donantes inocentes de datos que transforman luego en papilla para nuestro consuno y comportamiento. Nos conducen hacia territorios donde la libertad individual es solo aparente; la intimidad desaparece y la democracia, que nos protege, se diluye por incapacidad para hacerle frente, mientras crece el autoritarismo.

Como bien escribe Sol Gallego-Díaz en El País de ayer día 10, sorprende la tibieza con que gobiernos y parlamentos democráticos afrontan los reiterados zarpazos y conquistas económicas diarias de las tecnológicas. Vienen siendo desplazados en la conducción del mundo (al tiempo que crece el ogro autoritario) y se les ve, en el mejor de los casos, simplemente pasmados por el fenómeno Internet e impotentes ante la permanente programación de prodigios ininteligibles, pero mágicos, con que nos sorprenden. Algunos dirán que ganan tantos millones de dólares o yuanes porque sobornan como históricamente han venido realizando las grandes industrias punteras e innovadoras. Pero ni siquiera se tienen noticias de esas prácticas: parece que no les hace falta entrar en ese pringoso enjuague. Al menos, de momento.

 

«No hay excusa para que las democracias liberales se unan».

 

Los parlamentos y gobiernos justifican a menudo su inmovilismo en que el fenómeno de las tecnológicas es mundial, llega a todas las naciones del globo y las acciones nacionales son impracticables por inocuas. Y es cierto que la araña multicolor de las tecnológicas enreda al mundo desde Internet; que es muy difícil su regulación y, más aún, desde un solo estado. Pero nuestro globo hace siglos que dejó de ser el de taifatos en guerra. Son múltiples las organizaciones internacionales creadas para buscar el entendimiento entre naciones o empresas, para conveniar intereses diferentes.

¿Por qué no se ha producido ya una alerta sobre esta amenaza evidente? Se dan varias explicaciones. La más extendida es que no ha interesado a EEUU ni a China. También porque, claro, las tecnológicas lo han venido haciendo tan fenomenal que los terrícolas nos hemos rendido al disfrute de sus innumerables prodigios a precio asequible.

Ya no nos vale. No es excusa. Al menos, en la Unión Europea de los últimos años, cuando alcanza un problema serio a uno o varios de sus países, acuden a Bruselas. El último caso sucede con la subida escandalosa de la tarifa eléctrica en varios países europeos. Recientemente, la OCDE logró convencer a 136 países para que fijen el impuesto de sociedades en un mínimo del 15%. Se avanza en el levantamiento de la manta negra que oculta los paraísos fiscales y hasta EEUU se alía con los grandes países de Indico y Pacífico, más el Reino Unido, para formar una coraza armada frente al expansionismo chino.

No hay excusa para que las democracias liberales se unan para defendernos de un escandaloso nuevo orden económico global dirigido por un grupo de multimillonarios.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.