Madrid es España

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Cuando la ¡presidenta! ¡presidenta! concluyó su intervención: “Tengo claro cuál es mi sitio. Mi meta es Madrid”, la totalidad de los asistentes al acto político atronaron con un escandaloso aplauso el suntuoso y carísimo Palacio de Les Arts Reina Sofia de Valencia. El cogollo de dirigentes, asesores y técnicos que rodean a Pablo Casado respiró a pulmón lleno al fin, después de tres semanas de nervios, histeria, apneas y huracanes en el vientre. ¡Habían salvado la convención del partido más larga de la historia! Esa especie de gira abstracta por toda España de políticos de la legua rogando el aplauso para un Pablo Casado que no termina de hacerse, que renquea más que camina, que amaga con saltar de la derecha al centro, pero al cabo no se mueve del espacio de la derecha dura, de las rayas rojas y la lengua de inquisidor.

Por más que lo niegue, se mueve en el mismo nivel ideológico que la presidenta de Madrid, y hasta su verbo es más fluido y escarnecido que el de Ayuso. Sin embargo, ella gana votos en aluvión en tanto que el palentino continúa puñeteando la peana de Pedro Sánchez queriendo resquebrajarla, haciendo de las fintas del pugilista su único programa político.

Haber salvado, al final, los muebles de la convención, no quiere decir que el temor y el nervio hayan acabado en Génova 13. Tanto Casado como Egea como Núñez Feijóo como Juanma Moreno y hasta el presidente murciano López Miras saben que la presidenta castiza no llegó a concluir la frase por cálculo político y quién sabe si por piedad. En el papel imaginario donde escribía su intervención, se podía leer entre paréntesis después de “Mi meta es Madrid:  “(Y Madrid es España)”.

 

«Casado continúa en tierra de nadie».

 

En realidad, la presidenta Díaz Ayuso piensa que Pablo Casado y los suyos le deberían estar muy agradecidos. Podía haberles reventado la convención pronunciando solo dos palabras: “Madrid es España”. Pero no lo hizo. Se lo deben.

Ahora sí que está segura de que será también presidenta del poderoso PP de Madrid, de que la dirección nacional de su partido no se opondrá. Después, comenzará a escribirse un nuevo capítulo político del dolorido camino a la Moncloa de Pablo Casado. Lo apoyará, claro que sí, pero con el pie derecho atento siempre al freno.

Pablo Casado, al menos por el momento, lo tiene mal. Ni se impone como líder indiscutible en su partido, ni lo parece siquiera. Continúa en tierra de nadie. Ni inicia el camino al centro político, ahora solo sugerido por Núñez Feijóo, ni se decide a cargar con armas de derecha, derecha, ahora a disposición de Ayuso. Así que solo le queda continuar golpeando el saco (la peana) de Pedro Sánchez. Quién sabe si sus puños acaban siendo puro acero pues, como sabemos, la función hace al órgano.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.