Un gin-tonic en la terraza

Pintura de Paula Nevado
Fotografía: Pintura de Paula Nevado

Pido perdón en la primera línea: no voy a dar la receta del mejor gin-tonic del mundo, ni hablaré de marcas de ginebra o tónica recomendables, y tampoco aconsejaré qué tipo de limón es el mejor. Sé que es meterse en un jardín de torpes, porque siempre habrá miles de personas que sepan de gin-tonic mucho más que uno; como de fútbol, de puros o de ostras.

El gin-tonic no es un trago, ni siquiera un combinado: es un momento, un tiempo en suspensión que nos concedemos para observar el mundo de la manera que imaginó y nos contó una vez un hombre que un día fue feliz.

Para alcanzar esa calma absoluta de espíritu no se necesita gran cosa, solo es recomendable prescindir del mundo; dejarse acompañar por uno o dos amigos, no más, totalmente entrenados en el arte de tutear a la felicidad quieta, casi inmóvil; hablar poco y tener de frente el horizonte natural más amplio posible. No hablo solo de terrazas que estiran la vista, torres que conducen al firmamento o bosques y llanuras en lontananza, sino de cualquier horizonte que nos nutra de placer, deseo o belleza.

Para disfrutar del mejor gin-tonic es necesario acudir hasta él limpio de rabias y otros pesares o pendencias; todo gramo de sucio pasado que llevemos adherido será un baldón. Inocentes como querubines y deseosos de placer como el último recuerdo de Baco antes de dormirse.

Si piensas en positivo y compartes momentos de amor y amistad todo irá mejor. Claro que también en el transcurso de esta obra humana interviene también la ginebra y la burbuja tónica. No iba a hablar de marcas, pero no me resisto a terminar por torpe y citaré mi último descubrimiento ginebrino. Se llama Spirito Vetton.  Es extremeña, singularísima y única; de un equilibrio aromático excepcional que abraza todos los sentidos disponibles. Y tónica, ¿qué decir?: Schweppes. No conozco un genérico con tanta personalidad. Quizás por ello no ha habido titán que lo venza, ni dios que la compre.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.