Mundo complejo

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Mundo complejo el nuestro. Hace escasamente cuatro o seis años, el entonces presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, colocaba de parapeto a un primo científico para hacer befa o minimizar “eso del cambio climático. La derecha, y otras formaciones políticas que no lo son tanto, han venido sosteniendo, y mantienen, que el movimiento ecologista y ambientalista mundial es la máscara amable con la que se cubre la izquierda (marxista, por supuesto) en el mundo para conquistar de nuevo el poder tras el hundimiento de la URSS. Parecido razonamiento se aplica al calificar como “ideología, solo ideología de izquierdasal movimiento feminista universal que busca la igualdad entre mujeres y hombres.

Pero bien poco tiempo ha transcurrido para que sus posiciones se descubran como falacias. El cambio climático es un Leviatán en el cielo que se aproxima a nosotros cada día con mayor frecuencia para recordarnos su poder con enormes inundaciones, incendios clamorosos y ciclones. A muchos de los que atrapa en su camino de destrucción no les da tiempo a huir. Golpea con sus nudillos de hierro y aún somos tan cretinos que no hemos puesto fecha al fin del consumo del petróleo, como sí ha fijado Europa el año 2035 para finalizar la construcción de vehículos con motor de explosión.

Mientras tanto, jugamos, como adolescentes inconscientes, desinhibidos y repletos de feromonas, con el telefonito de las cien mil aplicaciones que nos expone de manera eterna a ese mundo donde se nos hace un hueco. Como sucediera hace unos años con los primeros debates sobre el cambio climático, se alerta de los peligros potenciales de esa maquinita en nuestras manos. Pero no le hacemos ni puñetero caso. “Con el móvil puedo hacerlo casi todo, hasta follaré muy pronto”, grita un youtuber.

Hemos llegado a la conclusión de que la digitalización de nuestras vidas y nuestro mundo es irreversible; que hemos de pasar por Internet (¿también nuestras consciencias?) donde la nube nos custodiará desde las fotos de nuestras novias hasta el algoritmo que desencadenará un ataque nuclear. Todo pasará (ya discurre un buen caudal) por unas enormes autopistas de luz que no han construido nuestros gobiernos ni nosotros pedimos. Ese mundo que nos transporta en su alfombra mágica inventada por las tecnológicas ya está aquí, y nosotros montados en él junto al pequeño hatillo de nuestras pequeñas vidas.  A través de él se mueve casi todo lo que sucede, aunque no logramos ver su cara oculta hasta que recibimos por sorpresa un buen palo.

 

«Un puñado de empresas están a punto de liderar el mundo».

 

Ahora, sin embargo, estamos todavía en el tiempo de la información a mansalva; de los mensajes, las conferencias, las fotos y las mil ayudas que nos presta. Nos atrapa como un desvergonzado don Juan. Todos somos su doña Inés. Así que no atendemos a los avisos que nos dan quienes conocen la Máquina y reflexionan con talento e información suficiente sobre los recovecos de la nueva nave que se dispone a transportar al mundo futuro.

Los avisos son continuos y, algunos, alarmantes. Los más nítidos nos indican que un puñado de empresas (casi todas norteamericanas y otras en manos del gobierno de China) están a punto de liderar el mundo achicando a sus gobiernos. Ya deciden sobre gran parte del comercio mundial o el control, manejo y flujos de dinero electrónico, por ejemplo. Si a esto añadimos el poder de los fondos de inversión (también llamados buitres), a punto de mandar sobre la orientación de la inversión industrial del mundo, la zarpa sobre los gobiernos democráticos y la toma de las grandes instituciones globales es algo más que una tentación.

Sabemos que Europa, por ejemplo, trata de defenderse del atosigamiento, pero está dividida y sin grandes liderazgos; que la democracia norteamericana lucha por recortar alas, uñas y dientes al Kraken tecnológico que ha crecido en su tierra, y hasta el gobierno chino ha anunciado que controlará a sus generales de las grandes empresas. Ojalá prenda también y pronto parecida ambición en la opinión pública mundial porque, ¿nos hemos dado cuenta de que nos quedamos sin tiendas y cajeros en el barrio?

Bruselas es atacada con dureza por ser la capital de la burocracia: la comparan con un Napoleón reglamentista. No quieren nada más que libertad, libertad y más libertad. ¿Sabemos a qué nos conduce esa clase de libertad que se exige?

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.