Mujer libre y combativa

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

La eclosión de la mujer que exige igualdad total con el hombre es imparable. Se ha dicho que este movimiento supone el cambio social más decisivo del último siglo. Él y ella, ella y él, en igualdad total era un inconcebible, como Internet (comunicación al instante), alcanzar la velocidad de la luz (está a mano), o la descomposición de la materia sin alterar al ser (se alcanzará).

La héjira de la mujer, además, hacia su meta de independencia e igualdad total alcanza en los últimos años velocidad cuántica si la relacionamos con el paso con el que se desenvuelven las transformaciones humanas. A las feministas veteranas les conmueve, y hasta inquieta en ocasiones, el paso de conquista que marcan sus nietas. Y hasta las pioneras sufragistas o las intelectuales de izquierda precursoras como Aleksándra Kolontái o la visionaria Simone de Beauvoir tendrían amagos de vértigo al ver las crestas que las más valientes de entre ellas alcanzan en los últimos años.

El movimiento feminista actual, reivindicativo, insistente, tozudo, pero también festivo, divertido y creador, es la manera menos invasiva y agresiva que adopta el ser humano para subvertir y revolucionar toda una historia de sumisión y dominio del macho. Es la única causa humana noble que consigue victorias tan rápidas e incuestionables. El hombre de las últimas décadas del siglo pasado nunca creyó que la batalla feminista que barruntaba podría llegar tan lejos, pero pronto advirtió que el paso de la mujer era firme y con trazas de indesmallable. En el siglo actual ha saltado sobre enormes trincheras y ahora pugna por distribuir con equidad tareas y responsabilidades con los hombres.

La mujer insiste, porque es cierto, que las brechas que aún le separan del hombre son numerosas y anchas. Lo importante en este momento, sin embargo, es que están identificadas y la resistencia del hombre (por convencimiento o vencido) decae. Algunos aventuran que quedan pocos años para que, al menos en la vieja Europa, los problemas y las risas de hombres y mujeres obedezcan a los mismos patrones, que el sexo haya dejado de ser motivo de discriminación.

El gran problema del movimiento feminista (y de todos, habría que decir), que asoma su hocico hace poco tiempo, se llama extrema derecha, autoritarismo y populismo vario. Han señalado la causa de la mujer y el ambientalismo como las nuevas ideologías que amenazan a su mundo. Y han empezado a combatirlas de la manera en la que ellos lo hacen todo: a golpes y salivazos. La aparición ayer lunes 8 de numerosos murales en la calle que reivindican mujeres luchadoras desde el sesgo de la izquierda, emborronados, es una señal clara de que acechan y se aprestan al ataque. Están convencidos de que la mujer libre es un imposible natural.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.