La intimidad, ese gas muerto

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

El gran gurú – en realidad, ya un hombre sabio – asegura sin la más mínima mueca de ironía que si queremos evitar ser observados, seguidos o espiados no tengamos teléfono móvil, o no lo abramos nunca. Bien mirado es una observación, o mejor, un hallazgo de tanto calibre como pudiera ser vivir sin agua. Así está la cosa.

Otro santón – este no es adivino, sino más bien un aprovechado – asegura que no debe preocuparnos demasiado que la sanidad pública, tan querida y requerida en los últimos tiempos, se venga abajo por causa de los bombardeos de la covid, pues en su lugar colocaremos la privada, esa esperanza de vida, tan boyante y luminosa, que espera a buen resguardo en la ciudadela mejor protegida de nuestras ciudades tan ricas.

Existen innumerables alertas más. El mundo de la polución atmosférica y la mugre, tan amante de nuestras ciudades, pronto será solo una vieja foto para el recuerdo archivada en el álbum enciclopédico de Google. Los nuevos automóviles eléctricos y los aviones propulsados por hidrógeno en puertas serán una realidad próxima, limpia, masiva y barata. Así que, en poco tiempo, la lluvia dejará de caer ácida. No tendremos, además, bancos usureros; desaparecerán los botines del mundo de la misma marera que cerró el kiosco, lo que no deja de ser otra buena noticia: menos árboles que talar.

El mundo así descrito es el paraíso reencontrado. Podremos trabajar asomados a la rueda del mundo desde nuestra venta rural acariciados de flamantes camisas beige de cáñamo y contando a nuestros hijos añejas historias – lejanas y muy tristes –  en las que el plástico ahogaba a los peces. Así que el mundo camina en la buena dirección: nuestra esperanza es la prueba.

 

“Hagamos que la intimidad sea el gas muerto de la burguesía”.

 

La confusión de los últimos meses es solo una tormenta pasajera. Recordemos ahora a Ulises. Llegó a Ítaca (la felicidad) tras pasar por miles de vicisitudes que pronto transformó en leyendas y aventuras, acontecimientos increíbles que abrieron la imaginación más feraz de Telémaco, su hijo.

Porque, en la travesía que venimos realizando, nos encontramos con fronteras difíciles, como la de la isla de Lesbos, y otras muchas felices: que se lo pregunten a los seis mil chicos de garaje que Zuckerberg hizo millonarios a cambio de unas notas en un pendrive.

Pelillos a la mar. Se nos había olvidado la cultura del esfuerzo; habíamos construido en nuestras cabezas un mundo real de casa con tres habitaciones y pantallas para todos; trabajo para papa y mamá; viajes, cenicientas y papeletas con las que votar periódicamente para que se las apañaran con lo público.

La covid mata, sí; y empobrece por el momento, también; desasosiega y crea hombres y mujeres que vociferan, verdad es; nos deja en tierra, encerrados en nuestra casa con solo el ojo de una ventana por toda luz, es cierto. Pero no nos confundamos, todo ello no es más que el reflejo de los dolores de parto previos al nacimiento de una nueva vida.

Porque el hombre que abre los ojos a la vida ahora reconocerá en pocos años un mundo suave y sencillo, a pesar de que aún no se le habrá desprendido del todo la última costra de eso que llamábamos conciencia. Sin embargo, ese recuerdo de identidad pronto mutará en emociones, ilusiones y deseos más livianos y llevaderos. Serán hombres y mujeres cada día más descargados de problemas y con escaso interés por obtener respuestas, ya que quizás se les habrá olvidado hacer preguntas.

Así pues, abramos el móvil y carguémoslo todos los días con el sol de la mañana y hagamos que la intimidad sea una nube, el gas muerto de la burguesía.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.