Cuidado con el pasado

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

“Cuidado con el pasado. Cuidado con la nostalgia”, afirma Muñoz Molina cerrando una entrevista concedida los últimos días a El País. ¡Y tanto! Acudir al pasado cuando el presente asusta (la pandemia) es normal y muy humano, porque en él encuentras referencias (momentos) felices; acontecimientos concretos con su principio y su fin: historias auténticas.

Pero a poco que insistas te verás malandando entre pedregales pantanosos. Porque el pasado de los llamados niños del baby boom español se vivió a saltos y sobresaltos y todos atrapados por la escasez y vecinos de la crueldad. Y también el de sus padres (incluso de muchos de los que vencieron), siempre sujetos a la grisura dominante y la opresión del miedo constante.

Es por ello que los libros como el de Ana Iris Simón, “Feria”, dividen tanto. Que los treintañeros de ahora no encuentren su futuro no quiere decir que sus padres o abuelos lo tuvieran en abundancia, simplemente sobrevivieron (y no todos) tras enormes sacrificios, a base de “echarle sangre”, como también recuerda en la citada entrevista el autor de “El jinete polaco”.

El problema real es el presente sin expectativas. La inmensa ceguera que impide imaginar siquiera de qué color está pintado el muro del futuro. Con un presente inquietante y un futuro cegado, solo queda la peor de las nostalgias, esa que dibuja con colores de esperanza lo que solo fue la más sufrida pelea por sobrevivir.

 

«Una sociedad repleta de jóvenes sin esperanza está en peligro».

 

Solo habremos salido del abotargamiento que nos trajo la pandemia cuando lo anuncien los jóvenes.  En el justo momento en el que se despidan con un beso de sus padres porque han encontrado un empleo digno, habremos sobrepasado el umbral de la depresión y la escasez que a la mayoría arropa con sus harapos en este tiempo.

Muchos – diría que la mayoría de talludos – rechaza y denuncia la actitud de los jóvenes que saltan las rayas de la norma en tiempo de gran contagio covid, de protección necesaria y encierro. Pero ni todos los jóvenes se comportan de esta manera, ni todos los que han hecho botellón son unos despreciables e inconscientes insolidarios. Se manifiestan contrarios a la norma y hasta el sentido común, porque la juventud está hecha para saltar lindes y porque están desesperados, ya que soportan durante demasiado tiempo un presente sin futuro.

El joven, como el potro joven, necesita espacio ancho y carrera, pues está imposibilitado para el recogimiento y la contemplación. Lo mejor que deberíamos emprender como sociedad es elevar “el problema joven” a la categoría de urgencia social y política. Porque una sociedad repleta de jóvenes sin esperanza está en peligro. La huida hacia el pasado en búsqueda de todas las respuestas es la peor de las cegueras.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.