El virus de la insolidaridad recorre Europa

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

De nuevo, los europeos iniciamos la representación de una nueva tragicomedia de enredo atestada de soporíferas reuniones inservibles hasta concluir en la irritación y el estupor. Hace unos cuantos años, le tocó la china a los griegos y enorme fue la pedrea (de pedrada) que llovió sobre la cabeza de españoles, portugueses, italianos… Ganaron Alemania y Holanda; los nórdicos quedaron aliviados y los países del centro y este europeo: Polonia, Hungría, Chequia…, a los que poco se perjudicó, continuaron acerando el gesto del ofendido hasta alcanzar hoy altas cotas de radicalidad y desprecio hacia la Europa que imitaron y tanta ayuda les dio, pero con la que continúan sin compartir valores como los recogidos en la Declaración de los Derechos Humanos. Son, sobre todo, proclives al autoritarismo, el nacionalismo radical, el mantenimiento de las tradiciones, incluidas las míticas, y a dar lustre al linaje y la raza.

España, Italia y Portugal salieron de la crisis más dura poniendo sus más preciados activos en el mercado de fondos a precio de saldo. Grandes capitales compraron los activos más apetitosos, en tanto que los gobiernos agradecían la inversión regalando mano de obra barata para que  fueran competitivos bien pronto. España quedó convertida definitivamente en un país low cost. En esta misma mudanza dejamos arrumbadas la Educación Pública y amputamos hasta niveles suicidas la Sanidad para todos.  A los hábiles liberales de nuestra época, los neocon del beneficio sustancioso y rápido, se les facilita la entrada y se adueñan del Master sustancioso (¿nos recuerda algo?) al que elevan a la categoría de formación mainstream, y  comienzan a derivarse por decenas de miles los pacientes hasta  la sanidad privada que, ojo, ahora en plena crisis del coronavirus, cierra hospitales y consultas, y hasta el Ministerio de Sanidad tiene que pedirle que presten los respiradores que mantienen ociosos antes de que bajen las persianas.

El nuevo grito europeo (que también es mundial) viene precisamente por la sanidad. Un virus velocísimo y corrosivo que entra por Italia, golpea con dureza a España y se extiende por el resto del continente. Tenemos países literalmente encerrados y la angustia por la enfermedad rampante, el paro y la penuria económica crece geométricamente. De nuevo, estamos ante otra hora de Europa (o para qué debería servir también Europa). Nueve países, encabezados por Francia, Italia y España, piden un plan de choque urgente para detener la hemorragia múltiple que trae la pandemia y sus consecuencias; y, de nuevo, el frente de la austeridad: Alemania, Holanda, Austria, Finlandia… se oponen. Que cada país se apañe con sus recursos propios: les daremos facilidades para que se salten los límites de déficit y haremos posible que el BCE sea tan benefactor como en tiempo de Draghi. Poco más.

 

«Europa solo se interesa por el resto cuando saca provecho».

 

El libreto es muy similar a lo acontecido en los años duros de la crisis de 2008. Entonces se impuso el que cada palo aguante su vela y los créditos que te concedimos nos los devuelves por las buenas o por las malas. El austericidio llevó a la pobreza a decenas de millones de europeos y condujo a un crecimiento de la desigualdad como nunca en décadas. Ahora, el trío de grandes países europeos mediterráneos ha conseguido que en quince días se reúna el Eurogrupo de nuevo. Pretende una suerte de Plan Marshall, una estrategia europea para recuperar la normalidad social y económica tras la superación de la pandemia; piden algo que es una insistencia de muchos años: la emisión de eurobonos, la creación de una deuda común. Y aunque aún no lo verbalizan en público, muchos de estos dirigentes políticos del sur (y miles de politólogos, profesores y economistas de todo el mundo) piensan de manera similar al veterano y curtido periodista en materia comunitaria, Xavier Vidal-Folch: “Europa, o avanza con decisión hacia la creación de una deuda común, los eurobonos; o se arriesga a su declive, su desgarro, quizás a su dilución”.

Curiosamente, esa misma Europa que solo se interesa por el resto cuando todo marcha bien y obtiene provecho, es la que más habla de valores europeos. Ocurre que aparca esa verborrea cuando ha de comprometer su bolsillo. También hace bandera de otros derechos, sí, pero no más sirios ni más negros en nuestras ciudades. El mal no es solo la pandemia.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.