Democracia o barbarie

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Celebramos el 40 aniversario de la Constitución. No es una efeméride cualquiera. Este número tiene un grave significado para muchos españoles. Fue el tiempo que, más o menos, duró la dictadura franquista, pero también la etapa más larga que hemos disfrutado de libertad, prosperidad y derechos civiles; de democracia plena en suma. Sin embargo, pasamos por el aniversario con el ánimo del descreído y escéptico, como si fuéramos el pesaroso que piensa que esto da para poco más, que nuestros mejores tiempos ya pasaron. Y es cierto que el pesimismo viene alimentado por hechos tan reales como equivocada es la determinación de tirar la toalla.

La única manera para despejar el humo de la incertidumbre ante el futuro es dotarse de una gobernanza democrática fuerte que pueda encarar con determinación tantos desafíos. Porque los nuevos retos civilizatorios a los que nos enfrentamos, que van desde las relaciones de producción (empresario/trabajador) a derechos y libertades (democracia/barbarie), están ahí  y nadie puede impedir que sigan su curso histórico. Desafíos que debilitan nuestros sistemas de gobierno democrático y dejan a la clase política, y por tanto a sus representados, sin capacidad alguna para minimizar sus efectos más perversos (precariedad, desempleo, merma de derechos, voladura de la intimidad, etc.).

 

Fórmulas del pasado

 

Pero muy poco de ese empeño imprescindible para afianzar la democracia se percibe, al menos en nuestro país. Aferrados al único objetivo de mantenerse en el poder, o conquistarlo con todo tipo de armas, no trasladan indicio alguno (esperanza) de que sus esfuerzos vayan encaminados hacia el fortalecimiento de nuestras instituciones democráticas sino que, muy al contrario, éstas se usan como escudo en sus batallas de poder. El último ejemplo de este disparate lo trae la eclosión de la extrema derecha en Andalucía y el enorme retroceso de la izquierda: un partido, Vox, con fórmulas feroces del pasado para solucionar nuestro presente en conflicto.

La Constitución que celebramos estos días con ocasión de su 40 aniversario nos vale para recordar que la mejor obra de los españoles en el último medio siglo se realizó gracias al catalizador del diálogo, la cesión, la generosidad y el consenso. Las carencias de nuestra primera ley son pecados veniales, mentirijillas, comparadas con las desavenencias animales de nuestros políticos. Y el problema está en ellos y no en el deterioro de la Constitución con el paso del tiempo. Se han instalado en España la intransigencia y el desafío como valores de moda, cuando la solución es la contraria: gobiernos de consenso fuertes que ayuden a las sociedades democráticas a sortear los obstáculos enormes que impone el eslalon gigante que nos obliga a realizar la historia. Democracia o barbarie, this is the question.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Un comentario en “Democracia o barbarie”

  1. Me encanta como expresas un pensamiento y una situación tan importante de una forma simple y comprensiva. Esto hay que hacérselo ver a nuestro politicos, hoy no se les puede decir, como antaño, padres de la patria porque no lo son ni se lo han ganado.

    Sigue en tu linea Pepe, te seguimos con entusiasmo. Un abrazo.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.