Los confetis nos asfixian

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Los cascos históricos de las grandes ciudades, o simplemente las áreas comerciales y de ocio céntricas, se vienen convirtiendo en un caos de personas, terrazas, tráfico y basura. Su mayor problema no es la proliferación de pisos turísticos con sus consecuencias de masificación forastera y expulsión del vecindario tradicional a causa de la subida exorbitante de los alquileres. Este es solo uno de sus problemas, acaso no el mayor aunque suene tanto. La masificación, el colapso de tráfico (coches particulares y transporte público; camionetas y furgones; motos y mil bicicletas de reparto), la contaminación, los incontables contenedores de basura y la suciedad creciente convierten estos espacios de ocio y negocio en lugares de malestar creciente.

Los ayuntamientos, incluso los más activos y aplicados en la búsqueda de remedio, no alcanzan a ordenar tanta desmesura. Las zonas peatonales crecen, también se persiste en la utilización de la bicicleta; se combate el tráfico y se restringe la carga y descarga. Pero el orden no llega. El vecino vive con creciente incomodidad, y quien mantiene el negocio choca constantemente con las limitaciones de unos ayuntamientos desbordados y las normas de todo tipo cada día más exigentes.

Prácticamente todas las ciudades españolas de más 400.000 habitantes han redescubierto, y tomado por asalto, los centros históricos que abandonaron en los años setenta/ochenta para buscar la luz, el sol, el aire y los grandes espacios de las modernas afueras. Poco a poco casi todo retorna al vientre de las ciudades: el teatro, el espectáculo, la atracción de cualquier clase, la restauración, el ocio, el entretenimiento y los supermercados. 

La compra se hace cerca de casa; el hipermercado nos resulta más lejano e incómodo. Los grandes carros con la compra del mes van a menos. Vamos dos o tres veces a la semana al súper o la tienda y pedimos a través del teléfono pizzas, pastas, ensaladas, hamburguesas y hasta churros que nos traen ciclistas veloces a casa. Internet nos ofrece todo, desde el termómetro al armario. 

 

Agitación urbana

 

Así que la calle es un hervidero de hombres y mujeres presurosos transportando pedidos. Las bicicletas mal reposadas sobre las puertas de las casas, las motos inundando plazas y aceras, y las furgonetas ocupando esquinas, vados y obstruyendo calles. No es extraño entonces que la mayoría de los protagonistas de esta agitación urbana – a excepción del visitante ocioso que mira y admira el monumento que le trajo a la ciudad- viva con más angustia que placer su día a día.

Alentamos, como la mayoría de las grandes ciudades del mundo, el palo al automóvil: contamina, estorba, genera ruido. Pero al tiempo lo deseamos todo barato y en la mano, muy cerca de casa, y a ser posible que nos lo lleven hasta la puerta. Resolver esta ecuación es bien difícil, casi tan complicada como encontrar la  salida del procès. En estos días, por ejemplo, el Ayuntamiento de Madrid ultima normas para restringir con severidad el tráfico privado de personas y mercancías en el amplio corazón de la ciudad. Llega con las semanas de fin de año, el tiempo de mayor consumo. Todas las alarmas del comercio pitan ya. Pero ese ruido no es exclusivo de Madrid. Barcelona truena, y Milán y Hamburgo y Praga y… A las grandes ciudades de Europa con tirón comercial y turístico las asfixia tanto confeti.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.