España reseca

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

La insubordinación catalana lo oculta todo. Pareciera que nada más sucede en España y acaso en el mundo entero. Pero todos sabemos que no es cierto; es más, el conflicto catalán contamina a no pocos asuntos políticos, económicos y de convivencia más allá de los alrededores de Barcelona: por ejemplo, el Presupuesto del Estado para 2018 está en el aire y de nuevo los vascos levantiscos se echan a la calle.

Con todo, lo más turbador de esta clase de episodios políticos es que laminan de los informativos de gran pegada los asuntos tangibles, esos que atañen a lo esencial  para mantenernos en pie. Por ejemplo, en este país arrastramos meses de sequía en gran parte del territorio y los embalses comienzan a ser légamos cuarteados en lugar de grandes láminas de aguas ondeadas.

Pero a las grandes ciudades aún no llega ese malestar. En tanto el grifo mane no repararán en el verano permanente que vivimos. Pero ahí están, sin embargo, las Castillas sedientas que abandonan sus campos al albur del secarral, y hasta muchas de sus vegas verdes -antes hoyas feraces guardianas de los restos del monasterio medieval- semejan a las parameras que cercan tan peligrosamente a la ciudad de Zaragoza.

El desconcierto y la insensibilidad casi general ante el fenómeno tiene ribetes incluso suicidas. Demasiadas personas – y no sólo los niños y jóvenes urbanos descolgados de la naturaleza sin remisión y para siempre- creen que ese líquido que sale del grifo es tan natural como respirar, corretear o dar puntapiés a una pelota: algo banal. Nadie les dice -quizás porque la mayoría ya lo ha olvidado- que se trata de un milagro. La mayoría está tan desenfocada que muchos ven normal el discurso simplista de los nuevos populistas de izquierdas, ese que describe al agua como un recurso público y que por tanto no puede haber  empresa privada que obtenga plusvalía gestionándolo. ¡Como si los poderes públicos por si solos pudieran asegurar el abastecimiento de agua para todas las necesidades del país!

 

La pertinaz sequía

 

Sí, la España agrícola tan extensa, la del interior y montañosa, esa que lleva más de medio siglo despoblándose, ya no interesa a nadie salvo a los políticos durante el mes de campaña electoral cuando buscan su escaso, pero bien jugoso voto, y a los descendientes de aquellos que huyeron del terruño buscando el pan porque les aviva las nostalgias. Es una España que hemos entregado a Sergio del Molino, el escritor y periodista que se apresura a atrapar con su pluma fuerte los últimos restos de esa joya humana y natural que fue Iberia.

Claro que cuando Madrid y Barcelona no perciban el agua bajo sus pies, los noticieros tronarán y preguntarán a los gobiernos qué pasa. Y estos mentirán y echarán la culpa a la pertinaz sequía. La verdad, no obstante, es que la inversión en infraestructura hidráulica ha caído un 80% desde 2008 hasta aquí; que nuestras redes de abastecimiento y colectores envejecen; que en depuración nos queda el 70% de la tarea… Y algo aún más insensato: no incorporamos a nuestros discursos y programas públicos la certeza de que el cambio climático ha venido para quedarse.

Claro que siempre encontraremos cataluñas que nos distraigan de la sed.

 

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.