Desánimo colectivo

PAULA NEVADO
Fotografía: PAULA NEVADO

A la insumisión y el incumplimiento masivo y ostentoso de las leyes le llaman democracia. En nuestra era líquida, en el tiempo en que la posverdad se apropia de las palabras más claras y las causas más nobles hasta desnaturalizarlas de tal manera que el hierro pasa por ser plástico y la guerra por pacificación, los independentistas catalanes obtienen su hallazgo más extraordinario: convertir en hechos “profundamente democráticos” el atropello completo de las normas que deberían ser intocables, la Constitución y el Estatuto de Autonomía, y el soslayo de la intervención de las autoridades llamadas a hacer cumplir (o ejecutar) las normas: jueces, fiscales, policías …

La temeridad y el desparpajo de los promotores y líderes de la mascarada independentista -para pasmo de demócratas aún no desnaturalizados del todo- se nos presenta con tal normalidad que llega incluso a confundir a políticos avezados y periodistas cínicos. Han decidido ciscarse en las normas colectivas con la tranquilidad del que tararea una canción mientras se ducha. Y para asombro de la razón, ítem más, aparecen como hombres y mujeres retozones y festivos proclamando, con rostros felices, la insumisión y el desprecio por todo aquel o aquellos que no comparten sus salmodias alucinadas.

Sus mantras calan de tal manera (“España nos roba”, “Madrid no quiere el diálogo”) entre sus gentes y entornos que, los primeros, se ejercitan luego en excesos como ciudadanos hooligans y los otros, callan por si acaso. Es cierto que el nacionalismo independentista catalán se vino haciendo hueso duro desde el cartílago inseguro que era hace más de 30 años, pero ha sido en el último lustro cuando convierte su discurso en acciones políticas concretas encaminadas todas ellas a la segregación de Cataluña, mientras que Madrid respondía con las amenazas del leguleyo y el despliegue de policías a destiempo en búsqueda de inmundicias en el nido del cuervo.

 

EL RUIDO ES SUYO

 

Tan insignificante ha sido la contra del Estado que ahora que el separatismo decide promover un referéndum que de “validez legal” a su determinación de hacer Cataluña independiente, no se encuentra una plaza en el condado donde se oiga una voz contra el atropello democrático y mucho más.

La movilización es suya, los mítines son suyos, la propaganda y el ruido son suyos. El ciudadano sencillo, que no comulga con estas músicas, se ve en cueros, tan desprotegido que ve su destino depender de la entereza y el coraje propios, y otras habilidades, para no dejarse atrapar por las dulces parrafadas que disfrazan la mentira con palabras auténticas.

Las próximas semanas se producirán acontecimientos aún más tristes que los españoles de allí y aquí recordaremos con vergüenza por muchos años. Porque junto a ese lenguaje de sacristía de Junqueras o el adusto y determinante de los códigos que exhibe el Estado, se oyen otras voces menos apacibles: “Charnegos iros de Cataluña”, “Enemigos del Pueblo”, “Traidores”… Y como quiera que el ruido y la furia crecen por días, muchos españoles -con seguridad los más pacíficos – creen que lo mejor es dejarlos ir. Eso es lo que precisamente buscan: el desánimo colectivo.

 

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.