La carcoma extremista

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Es paradójico que la “carcoma extremista”, como califica Fernando Savater a los nuevos partidos neofascistas y neobolcheviques, se haya convertido en la gran amenaza de Occidente, que estas formaciones estén tan crecidas y apoyadas por los hijos y nietos de quienes protagonizaron el Mayo francés o, desde otro ángulo, la transición política española. A lo largo de los últimos sesenta años “la humanidad entera”, en palabras de Eduardo Galeano, se ha aplicado en cuerpo y alma en el relato de los horrores del nazismo y las múltiples caras del fascismo, así como los crímenes y el espanto de la checa estalinista. El periodismo libre, el ensayo político, la literatura, el cine y, en suma todas las artes de nuestro tiempo, los han desnudado de tal manera que nos creíamos a salvo de su aliento.

Pero no. Se han adueñado del malestar creciente como consecuencia de la globalización, la crisis y los excesos que traen la abundancia y la desregulación en tiempos de codicia y ayunos de valores, y escupen al mundo esas inmundicias como prueba de “la depravación de las élites” (la casta o la trama en nuestro caso) a las que pretenden achatarrar a través del uso certero de las redes convertidas en el altavoz del ruido, la sospecha y las mentiras. El suyo es un movimiento subversivo de raíces totalitarias, que hace la tenaza desde los medios de comunicación e instituciones donde se han encaramado, por un lado, y desde las tinieblas de la red inundadas de emboscados, por el otro.

Así, por ejemplo, cuando Macron, -ya virtual presidente francés- venía bendecido por las encuestas y salía airoso de un debate a cara de perro con Le Pen, de repente, su equipo de campaña denuncia “un pirateo masivo y coordinado de documentos contables, contratos y correos electrónicos” que son difundidos masivamente por las redes sociales. Los ruidos -o quien quiera que sea ¿quién?- han entrado de lleno en la campaña para influir en la fase decisiva de la misma, mientras Marine Le Pen les sigue el hilo y los amigos de Podemos en la Galia miran al cielo divertidos mientras silban. Y si les preguntas dirán de muchas formas algo así como: “Esto no va con nosotros”.

Sí, es paradójico, que nuestras democracias, además de estar sometidas a una intoxicación creciente por ideologías herederas de aquellas que ejercieron las prácticas políticas más funestas, se muestren incapaces de rechazar (comienzan a tolerar) prácticas ilegales y mafiosas que influyen de manera decisiva (observemos Estados Unidos) en el voto ciudadano. En Francia, las autoridades y grandes medios de comunicación han decidido silenciar hasta pasado el 7 de mayo los documentos robados y lanzados a la red por hombres tapados. Es solo un parche para sujetar tantas atmósferas de presión como mueven los perversos. Claro, nos avisan de cómo se comportarán con nosotros si llegan a los gobiernos más decisivos del mundo.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

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Un comentario en “La carcoma extremista”

  1. Amigo nevado, la historia por desgracia se nos vuelve cíclica aunque con distinto contexto. Algo huele a podrido en Dinamarca. Muy buen art’iculo para reflexionar. Un abrazo.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.