Corre, Corre, Glotón

Teresa Muñiz. Acuarela s/ papel Fabriano 22,5 cm x 14,5 cm 2008
Fotografía: Teresa Muñiz. Acuarela s/ papel Fabriano 22,5 cm x 14,5 cm 2008

En los primeros días de septiembre, a la caída de la tarde y también de amanecida, la gran ciudad se puebla de corredores aficionados, la mayoría desconocidos en el barrio y también muy raros. No son los disciplinados mediofondistas adictos al jogging desde hace años, ni las chicas acaparadoras de salud y buen cuerpo, no. Son otros trotadores, fondones la mayoría y todos jadeantes como perros de rehala y empapados como pescadores en plena lucha contra el banco. Ha debido de ser una voz muy poderosa la que ha desatado este fenómeno porque son muchos, casi una enormidad. Igual todo viene de un consejo de Ana Rosa Quintana, o que lo desaconsejó Mariló Montero, o puede que haya intervenido en el acontecimiento la web atómica que lanzó a Podemos. No lo sé, pero una mano prima de dios ha debido indicar a la multitud que en septiembre tiene que tirar la tripa y el culo – que con tanto amor amasaron durante el verano – por las aceras.

Y yo me pregunto por qué se deja engañar tanta gente, incluso quienes tienen las neuronas en orden. Tampoco lo sé, ni acaso ellos tampoco. Porque, además, habrá muchos más que no rieguen la ciudad de sudor, pero se habrán puesto a plan severo, y otros más que lo pagarán con las ensaladas añadiéndoles sólo media gota de aceite hasta que en las ojeras le quede sellada la calcamonía del tísico. Eso sí, la mayoría terminarán jodidos bien pronto. Unos, porque se torcieron el tobillo muy temprano o mearon sangre; los otros, porque no aguantaron una semana a dieta de zanahorias cocidas y pollo a la plancha.

Volvemos a lo de siempre: se nos despista el sentido común con facilidad. Basta recordar de nuevo el consejo de Grande Covián para estos casos: come de todo pero poco, anda algo más que de costumbre, bebe agua en abundancia y acuérdate de hacer el amor más a menudo. Ahí está el secreto. Mas, si a pesar de todo, también cojeas en lo más sencillo por ansia, pereza o soledad, recuerda que en nuestro país abundan los mejores alimentos del mundo que pueden hacer de ti incluso un ser equilibrado.

El tomate, la sandía, el garbanzo, el ajo, el arroz, el jurel, la caballa…. Si, además, te provees de mangos y les sacas a los orientales del barrio unas recetas a base de algas, ya lo tendrás casi todo. Servidor va a insistir una temporada en este último empeño. Porque para nosotros la comidas orientales son las que nos ofrecen los chinos y otros asiáticos, pero en ellos casi no asoma la oreja las propiedades de las algas, esos grandes nutrientes, más ricos en vitamina A que las naranjas y tan proteicos como la carne.

Recuperaré también el arroz integral con su fibra que recuerda al hierro y esas sales minerales que llevan a unas digestiones tan placenteras como las que disfrutaban los perros de las viejas majadas. Sí, alimentos sencillos pero completos como el garbanzo, que se come de mil formas más allá del cocido eterno, y la sandía que limpia los riñones con la eficacia del agua herrumbrosa mientras te baña las entrañas en potasio.

Recuperaré también el desmigar lento de las lonchas de jamón, que a pesar de todo sigue siendo nuestro alimento Premium más barato, y bucearé en los anaqueles de los supermercados alemanes en busca de vinos lejanos. Sin ir más lejos, este mes de agosto descubrí un blanco eslovaco digno de un Bacchus. Tendré que investigar en los vinos que se hacen en ese pequeño país centroeuropeo, pues debe parir productos bien interesantes como todas las naciones en las que la agricultura y la ganadería son milenarias.

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