Cocina Divinity

Teresa Muñiz. Sin título acrílico sobre lienzo 40 cm x 40 cm Año 2011
Fotografía: Teresa Muñiz. Sin título acrílico sobre lienzo 40 cm x 40 cm Año 2011
Teresa Muñiz. Sin título acrílico sobre lienzo 40 cm x 40 cm Año 2011
Teresa Muñiz. Sin título acrílico sobre lienzo 40 cm x 40 cm Año 2011

Alberto Chicote es un cocinero temerario que se atreve a entrar en las intimidades de cocinas y restaurantes al límite con la sana y peliculera intención de sacarlos del caos en que viven. Todo ello lo vemos asombrados los lunes por la noche en La Sexta, en un programa entre divertido y dramático (melodrama en la grasa) que se desarrolla en un ambiente de cochambre culinario. Se encuentra, además, con personas recién sacadas del desván de la España más abandonada. Enfermos, airados y vencidos, a todos les invade la misma niebla de la soledad.

¿Qué ocurre en nuestros bares, casas de comidas o restaurantes más convencionales?. Si hemos de hacer caso a lo que vemos y oímos en los programas de Chicote, incluso si le restamos la dramatización y las astracanadas tan queridas por guionistas y productores, tendríamos que pensar muy en serio si tomar una croqueta en los bares y restaurantes al paso de España.

Me imagino el pavor que puede inspirar al extranjero que pisa nuestra tierra si ve uno de estos realities de cocina: un país de cucarachas entre los fogones y salsas remontadas ocultas bajo los relucientes neones de las fachadas. Da miedo. Porque, además, la producción «Pesadilla en la Cocina» se abre a un amplio muestrario de establecimientos de tal suerte que, cuando se han visto algunos capítulos, la mayoría no sólo los recocemos, sino que hemos pasado por ellos en alguna ocasión.

«¡Qué asco!», gritó mi vecina cuando observó la «espesura a medio morir» del restaurante Domine Cabra que tanto había frecuentado. Y se desmayó meses después al reconocer esa terrazota rociera en la que una «loca» le volvió loca a propósito de un salmorejo cordobés tan acidulado como una garrafa de pepinillos. Desde entonces no pisa un restaurante sin que le autoricen una inspección a fondo de sus adentros.

Aunque no deberíamos alarmarnos tanto como mi vecina Teresa. Al fin y al cabo sigue rodando y en buen uso ese refrán que dice «lo que no mata engorda » y ese otro «ojos que no ven, corazón (o estómago ) que no siente». No deberíamos ser tan remilgados y sacar partido de la conseja de San Francisco, aquel santo humilde y piadoso que invitaba a hermanarse con todas las criaturas de la naturaleza: hermano lobo, hermana mosca, hermano gusano… Y sobre todo dejar de creer que la mugre y las bacterias se acurrucan siempre en los locales modestos, pues los bacilococos que nos tumban en fiebres e interminables colitis crecen también muy rumbosos en los grandes restaurantes.

Sin ir más lejos hace unos días leímos en The Guardian que cerraron uno de los restaurantes más exclusivos del Reino Unido, Dinner by Heston Blumenthal. Situado en el distinguidísimo barrio londinense de Knightsbridge, sin embargo, tuvo trancar «debido a una intoxicación alimentaria, exactamente la misma que afectó en 2009 al otro restaurante del mismo dueño, The Fat Duck, también en Inglaterra, y que hace un par de años sepultó al «mejor restuarante del mundo hasta el año pasado», Noma, de Copenhague. Sí, «el norovirus también ataca los ricos».

Por fortuna, el diligente Chicote: cocinero, sicólogo, asesor empresarial, aventurero kamikace y showman siempre, termina sus programas dejando los campos de batalla a donde llega, en armonía y muy limpitos. En una semana consigue que huyan las histerias de cocineros y camareros dominados por los demonios del local y un sin fin de desventuras personales. Es la moraleja del programa: todo es posible, hasta que una orangutana llegue a ser miss. Es un calco, a la manera hispánica de cutrez extrema, entre Berlanga y Torrente, de la programación de Divinity, la cadena de televisión, ahora de éxito, donde a la manera americana: todo por la pasta dentro de la más exigente pulcritud y blancura de alma, una novia pobre, peor agraciada y con ausencia casi total de esas cualidades que nos ayudan a ir por la vida con un mínimo de decoro, puede llegar a tener una boda similar a la de Jennifer Aniston, pongamos por caso.

Lo que no tengo claro es qué ocurre en esos restaurantes de tres cucarachas una vez que el el mago Chicote huye de ellos. ¿Les ayudará en el futuro el recuerdo de ese roce de varita mágica con el que el cocinero les obsequió?. Me temo que seguirán al paso de la vida: unos cerrarán y otros no, la cocinera terminará en el frenopático o seguirá sisando en la caja. Todo puede ser. La única novedad que trae este quilombo es que, también aquí, aprendemos a sacar rendimiento de la vida más perra. Algunos avispados han pensado que ya está bien de películas de princesitas enamoradas y comedias de estudio inundadas de luz cenital que matan todas las sombras.

TERESA MUÑIZ es asturiana pero hecha en Madrid, donde estudio en laEscuela de Bellas Artes de San Fernado, y vive. Crea y enseña pintura desde siempre. La abstración, el color, la determinación y el misterio son los puntales de su obra. Admira algunas de sus pinturas en su web.

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.