Chicos Listos

Anatolio Alonso, del instituto Juan de la Cierva de Madrid: un "camiseta verde", la nota más alta de la CAM. (EFE)
Fotografía: Anatolio Alonso, del instituto Juan de la Cierva de Madrid: un "camiseta verde", la nota más alta de la CAM. (EFE)
Anatolio Alonso, del instituto Juan de la Cierva de Madrid: un "camiseta verde", la nota más alta de la CAM. (EFE)
Anatolio Alonso, del instituto Juan de la Cierva de Madrid: un «camiseta verde», la nota más alta de la CAM. (EFE)

Aparecen chicos listos que retiran la mirada a los ministros y no les dan la mano. Y también los hay que, siendo números uno, se enfundan en la camiseta verde y defienden la enseñanza pública frente a todo. Pero la mayoría de nuestros chicos listos hacen el petate ligero de los caminantes de fondo y se van fuera en busca de trabajo y alicientes. Grosso modo ese es el panorama: miedo, confusión y, de vez en cuando, un golpe de rabia propinado desde la más extrema cordura.

Los chicos listos, es verdad, no están movilizados. En esto se parecen demasiado a la mayoría de sus padres. Aunque en ellos bulle la sangre hasta el ahogo, en ocasiones, y rumian un futuro que su imaginación aún no alcanza a esbozar. A la mayoría se le van estropeando esos aparatos fabulosos con los que se divertían cada día y ya no hay dinero para los conciertos del fin de semana. Hasta van escasos para el botellón. Se asoman a otro mundo desde el balcón del salón de sus casas y las ojeras permanentes de sus madres.

Nuestra piel de toro va adquiriendo el aspecto terroso de los últimos siglos de España. Es verdad que el país no está (ni queremos) definitivamente hundido, pero a este edificio que somos se le pretende afianzar percutiendo con martillos picadores sobre sus pilares más ciertos: educación, investigación, sanidad y solidaridad. Tenemos ministros de educación que polemizan a cuenta de las becas para los más pobres, y vicepresidentas que buscan el ahorro público desmantelando los órganos que controlan el gasto del Estado.

La luz, sin embargo, la traen los ojos y el carácter que anuncian esos chicos listos. No estamos solos frente a Europa, Alemania, el FMI, nuestro gobierno y su inseparable prima: llaman los más jóvenes. Los científicos sociales deberían ilustrarnos sobre su perfil más completo. Puede que en su mano esté la bayeta que dé el brillo más seguro a nuestra muy reventada Marca España.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.