El Tribunal

Tribunal Supremo
Fotografía: Tribunal Supremo
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Garzón tiene un problema. Y el Tribunal  Supremo, también. El juez de Torres puede ser apartado, o algo más, de la carrera judicial, en tanto que nuestra vetusta institución judicial puede dolerse durante largos años a causa del desprestigio acumulado en estas semanas de confusión y ofuscamiento. Los grandes voceros de las libertades democráticas: New York Times, Le Monde, La República, The Guardian…, ya lo han anunciado: no entenderían que un juez pudiera ser apartado de su función por intentar meter la nariz en las matanzas autorizadas por Franco tras ganar la guerra civil. Y que nadie se engañe, detrás de esa opinión de papel están también los gobiernos y los parlamentos del mundo libre. Por tanto, la algarabía que defiende estos días a Garzón en España no es sólo el ruido furioso que emite la izquierda más airada. Es verdad que el Supremo no buscó la entrada en este jardín, pero también es cierto que no tuvo la inteligencia de bordearlo cuando algunos le llevaron de la mano hasta su puerta. Si de lo que se trata es de arrancar la toga a Garzón, como parece evidente cuando se acumulan las causas contra su persona en pocas semanas y al tropel, podrían escoger otro expediente menos simbólico. Porque lo que entiende la izquierda y el mundo democrático más cercano a nosotros al observar tanta firmeza en el Supremo por llevar a juicio oral a Garzón por haber revuelto en los años más oscuros y terribles del franquismo, es que no tiene interés alguno en que se aclaren aquellos tiempos de leyes de fugas y tiros de gracia. Lo que piden los descendientes y amigos de los asesinados es recoger los huesos de los suyos y, si fuera posible, que se les restituyera en su honor. Nada más. ¿Por qué no se entiende esta llamada?.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.