Cuando llamamos libertad a dar un trago

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

En una página interior del periódico, encontramos destacada la imagen de un hombre frente al mar en una playa de Canarias inaugurando el chiringuito recién abierto y llevándose a la boca una botella de cerveza.  En el texto, el periodista transcribe sus palabras: Se nota que sabe a libertad. No he encontrado nada que defina  de manera más habilidosa el sentimiento que tantos tuvimos el pasado fin de semana cuando, por turnos, salimos a la calle incluso con atropello.

Sabe a libertad”. Claro que la calle, el aire, el mar y tener a alguien al frente con quien compartir un vino suena (sabe) a placer, pero muchos en este tiempo llaman libertad a esta emoción. ¿Por qué? No hay universidad en el mundo en la que no se discuta sobre la cuestión. ¡Y qué sé yo! Solo se me alcanza a ver que la palabra libertad, como tantas otras que fueron cimiento, pilar y teja de nuestro mundo y el magma desde el que fluían las mejores aspiraciones durante los dos últimos siglos están desgastadas, lavadas, desteñidas y hechas harapos; algunas incluso enterradas.

¿Cómo vamos a  reencontrarnos con el mejor tiempo que vivimos si ya nos han robado las palabras (o acaso están ya muertas) con las que antes nos reconocíamos? Han estampado la palabra libertad en todas las banderas que amenazan a la gente sencilla. Para ello, el mercado de la política, el dinero y el consumo – que suelen ir de la mano – han convertido este término, entre muchos otras, en una especie de tres en uno que ayuda tanto para abrir la cerradura más atascada como para levantar un estandarte de intransigencia al gritar su nombre. La palabra se la ha apropiado el río que nos lleva con enorme éxito  y provecho, especialmente para el  sector más reaccionario en política y agresivo en la economía, comercio, ocio y tecnológico.

Se emplea a barullo, como el aceite en nuestras ensaladas mediterráneas. Desde Vox, en política, hasta Airbnb en el mundo de las aventuras vacacionales; desde Trump a los grandes fondos de inversión internacionales para quienes la mayoría de las reglas o cautelas son impedimentos al emprendimiento. Una libertad así ejercida es la bula que se dan para el ejercicio completo de su libertinaje: ancha es Castilla; adiós a los límites.

 

«Tienen más difícil ganar esta batalla los herederos de los viejos romanos».

 

Viene muy a cuento este relato en estos meses de covid-19 y sus millones de afectados y miles de muertos.  Porque los nuevos dueños de la palabra libertad luchan su más osada batalla del último tiempo: libertad para el tanque de la economía y el trabajo por encima de la protección de la salud de millones de personas.

Claro que si rebuscamos en nuestra memoria de la universidad y algunas lecturas, tendremos que convenir que tampoco es algo nuevo. Si ahora fuéramos, por ejemplo, una provincia de la Roma imperial, los aristócratas, patricios, los ciudadanos principales y  generales se hubieran encerrado en sus grandes casas hasta que la plaga cesara. Luego saldrían y  volvería a empezar todo como si nada hubiera ocurrido: un percance natural más. Entonces, aquel  hombre se media por  jerarquías como los animales por su fuerza y habilidad. Esa brutalidad aún perdura en parte.

Los tiempos, han cambiado, no obstante; la preocupación del ciudadano por el estado de su salud es muy alta, innata, y la progresión en derechos de nuestras sociedades, así como la asunción de conciencia sobre ellos, crece. También es asumida y está reglada en grandes y pequeñas empresas y, claro, es una de las tareas en las que más se implican los sindicatos y la mayoría de poderes públicos (bueno, con matices en este caso).

Así que hoy tienen más difícil ganar esta batalla los herederos de aquellos viejos romanos, pero no por ello van a dejar de insistir y amenazar con el mástil de esta bandera. Una vez más, tiran de la palabra libertad (o la ausencia de ella) y la ponen a su servicio. De esta manera, la España de Sánchez, según ellos, es la España encarcelada o una república bananera chavista que no respeta el derecho fundamental a la libertad de movimientos de los ciudadanos, de empresa, comercio y trabajo.

Desde aquí todo llega en cascada: engaña, miente, oculta y se convierte en un Gobierno de propaganda que impide la libertad de expresión. Sí, parece que se ha llegado muy lejos cuando a la satisfacción que nos da un trago en un momento propicio la llamamos libertad.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.