¿Elecciones? Qué más da

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Una cierta parte de la población española – puede que la más informada y consciente – está anonadada con lo que ve, lee y escucha acerca del culebrón de la negociación entre socialistas y podemitas. El votante de izquierda no entiende que dejen perder la oportunidad (quizás única) de formar gobierno, y la derecha, aún desconcertada, advierte una oportunidad nunca imaginada de recuperar el gobierno tras unas inminentes elecciones generales.

Claro que esta población más atenta al suceder político comprende escasamente cómo influye el nuevo tiempo histórico, tan líquido como agresivo, en el sentir y  el comportamiento del resto de ciudadanos y, en especial, de los menores de 45 años. Están bastante ayunos de ideología y hartos de convivir con el malestar económico, social y político de esta época esencialmente demoledora e irritante. Así que que haya una elección más o menos tiene para ellos escasa importancia.

De todo ello se han percatado los jóvenes dirigentes políticos, que batallan en la Carrera de San Jerónimo y desde las redes sociales, e intuyen que la mayoría de los electores se ha acostumbrado a la inestabilidad política y pasan de ellos en gran medida. Así que insisten, mes tras mes, echando más madera a la caldera de la irritación.

Claro que vendrá un tiempo para la cordura y la sensatez política, pero todavía no ha llegado ese momento. Aún estamos en plena orgía del disparate y la irresponsabilidad. Trump y un puñado de autoritarios por el globo hacen saltar al mundo con sus tuits y otros improperios como si la humanidad tuviera que saltar todos los días dentro de una mascletá.

 

Cuándo llegará la cordura

 

Así las cosas, qué más da que Pedro Sánchez no atienda la llamada de Pablo Iglesias. Total, la penúltima propuesta que le hizo llegar era para formar un gobierno de coalición provisional hasta sacar adelante los presupuestos y, según su resultado, continuar con el ejecutivo o no. Estoy seguro que este supuesto de entendimiento político no fue imaginado jamás por el jurista o politólogo más delirante.

Las naciones y los ciudadanos se adaptan al nuevo tiempo con la misma actitud y rapidez que desdeñan lo pasado. No parecen exigir grandes cambios, sencillamente se las ingenian para entenderse o soportar los nuevos poderes. Pocos quieren confrontar en serio. Así que, por ejemplo, instituciones financieras tan señeras como JP Morgan idean un artefacto para medir los impactos que los tuits y otras burradas del inquilino de la Casa Blanca tienen sobre el mercado bursátil y de esa manera ajustar los robots que lo mueven con el fin de aminorar pérdidas o engordar ganancias.

Si se convocan elecciones para noviembre, como si a la postre se acepta un gobierno de coalición a modo de prueba, nada especial sucederá. En realidad, llevamos viviendo varios años de excepción, adaptándonos o padeciendo el neoliberalismo capitalista que nos trajo entre otras calamidades a la nueva clase política. Llaman la atención los flamantes brutamontes, los machos tipo Salvini que se inspira en los discursos del Duce. Claro que la cordura llegará pero no sabemos cuándo ni cuántos estropicios más provocará este tiempo a velocidad enorme y de aplicaciones informáticas para todo.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

Artículos relacionados

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.