Comer mata

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Vivimos un tiempo en el que todo aquello que tocamos lo convertimos en espectáculo o escándalo. Al estar entre la exageración y el tremendismo, necesitamos bailar y saltar para ahuyentar el miedo y las dudas.

Hasta este carnaval de vendedores de crecepelo y otros aprovechados, cómo no, hace tiempo que llegó el vasto mundo de la gastronomía, una cadena tan inmensa y larga que deja en cueros a la fórmula del cálculo infinitesimal.

Hemos pasado de no saber pelar una patata a creernos cocineros después de seguir durante una temporada a MasterChef. Y discutimos con el ardor del artista cuál es el mejor yogur del mercado, pero no llevaremos nunca a nuestros hijos a conocer una vaca.

Desconocemos tanto de todo (o tenemos tal empanada mental) que nos alimentamos siguiendo el reclamo del precio, la publicidad o el boca a boca descontrolado que provoca Facebook. La cosa del comer se ha desbordado tanto que en la portadilla de la sección Alimente de El Confidencial del jueves 4, leíamos titulares como estos: “Alimentos que ayudan a eliminar la ansiedad”, “Alimentos con buena fama pero que pueden ser malos para ti”, “¿Tienes gases?, la dieta que debes seguir”, “La dieta que retrasa la aparición de cataratas”… Y así.

Es de imaginar que, ante un aluvión diario de desatinos que tanto confunden, la mayoría del personal se dé a la pizza, la pasta, las patatas fritas, la hamburguesa y las ensaladas en plástico.

Mas, si todo este revuelo aturdidor de masas no fuera suficiente, ocurre que a menudo se hacen públicos informes avalados por revistas científicas reconocidas que tienen el efecto de la lava sobre el retoño de pino en la ladera del volcán. Así, también el jueves 4, pudimos leer en la prensa que comer mal mata más que el tabaco, el cáncer, el infarto y la obesidad. Vamos, que lo que de verdad mata es una mala dieta y no el hambre como siempre habíamos creído.

 

Un mundo de pobres

 

Y puede que los científicos que avalan estas conclusiones estén en lo cierto, y los humanos muramos en mayor número por comer mal. ¿Pero qué es exactamente comer mal? Las notas informativas que nos resumen el informe no lo concretan, pero sí anotan lo que no debe faltar en una buena dieta: fruta, vegetales, legumbres, grasas integrales, nueces y semillas, leche, fibra, calcio… O sea, elementos que la experiencia española y mediterránea de siglos confirmó y científicos gigantes como Grande Covián dejaron por escrito hace varias décadas.

Sería pertinente ahora que otro grupo científico de sobrada calidad y financiado por altruistas estudiara cómo debería proceder el mundo para que todos pudiéramos comer bien en un tiempo razonable. Me temo que aquí nos topamos con la iglesia, amigo Sancho. Ocurre que los únicos alimentos a los que puede acceder la mayoría de la población son los malos, los que matan más, en tanto que los sanos no les llega para pagarlos.

Se fletan cada día decenas de barcos repletos de alimentos procesados y carnes para abastecer un mundo de pobres, al tiempo que los aceptables no se sabe cómo abaratarlos (o no se quiere). España continúa siendo uno de los países más saludables del mundo gracias a que nuestra ancestral cultura de cocidos, aceite de oliva, pan de grano, huerta y naranja aún resiste. Pero una legión de niños obesos nos alcanza y no existe vendeja de pizzas o kebab que cierre si no es porque el prestamista apretó demasiado o un inspector de salud despistado pasó un día por allí.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.