
Soria, con el río Duero que la parte a besos, sus sabinares de otros tiempos geológicos, la encina parda y el olmo distraído entre tantos meandros silentes, llama a mis recuerdos todos los otoños. En la memoria se me encienden inmensas acuarelas de cielos blanquecinos y colinas suaves, hoyadas aquí Seguir leyendo

