Fútbol en el Altar Mayor

Teresa Muñiz . Acrílico sobre lienzo 70 cm x 100 cm
Fotografía: Teresa Muñiz . Acrílico sobre lienzo 70 cm x 100 cm
Teresa Muñiz . Acrílico sobre lienzo 70 cm x 100 cm
Teresa Muñiz . Acrílico sobre lienzo 70 cm x 100 cm

Rufo, un hincha acérrimo del atleti, había fijado, con catorce meses de antelación, el 24 de mayo para casarse con Lola. Las bodas en la basílica tienen su cola. Entonces él no podía saber «ni remotamente» que justo ese día el Atlético de su alma habría de jugar la final de la Champion nada menos que contra el Real Madrid, «el eterno enemigo».

Ahora que Lola había terminado casi todas las pruebas de vestido y que por fin se habían decidido por un menú, ocurre que su equipo juega la final el día soñado. Rufo, oliéndosela, había intentado mover la fecha cuando los colchoneros llegaron a semifinales. Pero Lola no cedía. «¡Si hasta mi tío Celedonio, el de Australia, y su familia tienen sacados los billetes!». No obstante, él insistía por las buenas: «amor, si no voy a Lisboa lo sufriré al menos durante cuarenta años», por las habilidosas: «mi amigo Fide conoce al arcipreste, conseguirá un aplazamiento de dos o tres semanas, eso no es nada», y por las bravas: » si quieres casarte ese día, búscate a otro porque yo estaré en Lisboa como hay dios». Al final, sin que nadie alcanzara a saber que pócima o chantaje medió, Rufo estuvo ante el altar el día concertado ataviado como un vizconde francés de final del XIX: cuello de camisa repolludo y levita verde oscura con respingo. Cuando habían acabado los aleluyas del coro, arreciaban los pucheros de Lola y el cura se aprestaba a leer la epístola, la garganta de Rufo se adelantó tan veloz como la pierna de Diego Costa y grito ¡¡¡¡goooooooolll!!!! . La madrina, su madre, se fue en orines y los pocos colegas que pudo arrastrar hasta la ceremonia le hicieron el eco como estaba mandado. Lo que vino después tiene poco interés.

Situaciones como la descrita, tan real, y mucho más disparatadas son comunes en momentos de alta concentración futbolera. Este deporte tira tanto que la economía y el comercio se ponen a sus órdenes, y los forofos se transforman en adoradores de don balón. Acabamos de entrar en el mundial de Brasil. Comienza, por tanto, un mes de quedadas para ver partidos y practicar todo tipo de disparates al tiempo. En España, la onda sísmica que genera ser los campeones de todo en la materia, nos lleva a una idolatría, con sus excesos, aún mayor. Seguro que en esta oportunidad con sólo llegar a semifinales alcanzaremos mayores récords en cuanto a número de concentraciones por partido, hectolitros de cerveza consumida o lugares aún más inverosímiles para ver el nuevo gol de Torres.

Claro que continuará el peregrinar de jóvenes por las grandes superficies y súper una hora antes del partido para cargar con ingentes cantidades de pizzas congeladas y litronas, aceitunas, nachos, encurtidos (y algún embutido), hummus de Mercadona, bolsas de patatas y pan, mucho pan. Los más acomodaditos, esos que no van a las peñas o a las asociaciones de vecinos, los que no aullarán nunca en el polideportivo abierto para la ocasión, y se concentrarán en los salones de casas y chalets, terrazas de urbanizaciones y hasta en casas rurales, tirarán de webs especializadas tipo just eat (listo para comer). Allí les proveerán, y llevarán, comida italiana, china, japonesa y asiática en general; mexicana, india, thai y todas las picantes que quiera.

Para los más exigentes y chic han brotado propuestas de lo más variado y excitante. Restaurantes, tiendas especializadas y hasta cocineros con estrellas lanzan platos take away (para llevar) que son una monada: imaginativos, proporcionados y muy gustosos. La revista S Moda, que se distribuye con El País, nos daba hace unos días todos un festín «para marcarse un gol». Recojo algunas de sus canastillas para llevar:

  • Bolero Meatballs, de Madrid, ofrece albóndigas en todas sus versiones: ternera, cerdo, pollo o vegana, de calamares también, y morcilla, salmón… Todo ecológico.
  • El gran Francis Paniego, en Logroño, envía a domiciilio su carrillera glaseada o su ceviche de salmón, uuuhhhmmm.
  • Hamburguesas a la parrilla de gacela, cebra, pato, ciervo o buey son otras ideas de Onion Burger, de Valencia.
  • Los amantes de la alta repostería, pásense por Fonty, Madrid. Es el triunfo de los macarons y la bollería artesanal.

Definitivamente la red del fútbol nos ha atrapado a todos sin distinción de clase y condición. Pero las acrobacias posibles para disfrutarlo son infinitas. Las pantallas gigantes ya han entrado en los salones de celebraciones colectivas para que gocemos de un Messi con langostinos. Pronto las veremos presidiendo el altar mayor de las iglesias católicas. Es cuestión de pasión y dinero.

TERESA MUÑIZ es asturiana pero hecha en Madrid, donde estudio en laEscuela de Bellas Artes de San Fernado, y vive. Crea y enseña pintura desde siempre. La abstración, el color, la determinación y el misterio son los puntales de su obra. Admira algunas de sus pinturas en su web.

 

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Un comentario en “Fútbol en el Altar Mayor”

  1. La gente pierde la cabeza y las formas con esto del fútbol. Hoy me han contado en la pelu que a una novia a la que peinaron para la ceremonia, que también coincidía con tan magno evento deportivo, le habían «excusado su asistencia» nada más y nada menos que 88 invitados!, la víspera de la boda. Mal comienzo…

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.