El Mal en el Cine

Es conocida la inclinación de los criminales modernos por ver convertidas sus hazañas más feroces en cine. Tenemos toda una literatura sobre el particular. Los mafiosos adoran películas como El Padrino o series como Los Soprano. Se refocilan e inspiran con ellas. 

Algunos han sido apresados por la policía al salir de «verse» en algunas de estas proyecciones. Pero no son solo foragidos como los mafiosos, narcos o tratantes de blancas, quiénes se solazan contemplando cintas inspiradas en sus horrores. Hemos conocido recientemente que los nuevos rompehuevos del mundo: banqueros, analistas o catedráticos de economía (también algunos periodistas y políticos) se lo pasan en grande asistiendo a pases de películas como Inside Job y otras del momento que relatan las artes empleadas para hacerse ricos vendiendo mierda (o sea, subprimes) bendecida por ellos mismos. Los comentarios que realizan traducen admiración por la obra hecha y acaso un pesar: que la fiesta se haya ralentizado. Les gusta el montaje de las películas con el rostro del mal presente desde el primer segundo de proyeccion, es decir, cine sin aditivos ni rellenos. 

Por poner un pero, manifiestan con cierta decepción que los guionistas conocen muy poco de sus tejemanejes pero el material con que trabajan es bueno y es utilizado con eficacia. Claro que estos ejemplares, como acaso los hampones del crimen gore, no se entretienen demasiado en estas cuitas, solo les llegan para el banal comentario de sobremesa. 

Ellos continúan a tope con lo suyo. En este preciso instante tratan de derribar a Europa. Si al fin lo consiguen habrá una tregua, pues el negocio entonces será la reconstrucción del viejo continente.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.