Continuemos estupefactos

tomarlapalabra.wordpress.com
Fotografía: tomarlapalabra.wordpress.com

Crece la alarma internacional ante el acumulo insólito de bravatas de Donald Trump. Pero el mundo no debería desesperar tan pronto. Solo estamos en los comienzos del concierto de twitter más feroz de todos los tiempos. Escuchemos con atención qué palabras (como balas) utiliza para atacar; qué nueva degeneración lingüística y poses de matón nos trasladan las televisiones del mundo. Observemos, escrutemos y estudiemos con ojos y paciencia de entomólogo los registros de la bestia; conozcámosle de manera suficiente; procuremos memorizar sus amenazas, esas que nos levantan el estómago y cortocircuitan la inteligencia, y vayamos cartografiando al ogro de la manera más atinada posible.

Disculpen, pero este tiempo es un regalo de escupitajos a la luna que nos otorga Trump sin advertirlo. Si logramos permear bien su personalidad; si alcanzamos a sistematizar sus arrebatos narcisistas; si podemos anticipar qué garrotazo nos endilgará mañana desde las redes, habremos dado un gran paso para hacerle frente. Porque muy pronto habrá de pasar de la prosa vesánica a las decisiones concretas; de voy a construir «el muro que nos proteja de los mexicanos», al acarreo ingente de cubas de cemento hasta la frontera. Entonces veremos cómo mezcla la prédica con el trigo. Ese será el momento de atacar. Ahora es el tiempo del fogueo, de recopilar información, de atestar los fortines de la inteligencia de armas suficientes con las que parar al loco (o lo que quiera que sea el presidente norteamericano) así que pasemos de las salvas al fuego real.

Alejandro Rojas-Marcos, un político nacionalista andaluz de la transición, era muy aficionado a provocar grandes escándalos informativos excediéndose en declaraciones. Le servían para trasladar el foco mediático hacia su persona y asustar a los adversarios. Cuándo cesaba en su escalada verbal, se sentaba con el contrario y sacaba una tajada adicional gracias al nuevo miedo que su furia verbal había logrado transmitirle. Esta podría ser una de las tretas de Trump: asustar al mundo con el diluvio universal para satisfacerlo, a la postre, atizándole sólo una buena ración de gota fría. Porque a pesar de su egolatría delirante, deberá reconocer que ni siquiera él puede cambiar la historia del mundo; que con satisfacer de forma razonable a sus votantes ya habrá hecho suficiente.

En el frente mundial contra Trump hoy se presentan dos posiciones: enseñar los dientes desde el primer momento, o esperar a que escampe su ordalía tuitera de amenazas (si es que ocurriera) y actuar en consecuencia después. Entiendo que la comunidad internacional debería otorgarse algún tiempo más para empaparse aún más de asombro y estupefacción; pero también para medir el tamaño y la vocación real de la fiera.

El fenómeno Trump es lo más grave que nos ha ocurrido desde la crisis de los misiles de principios de los sesenta. Convendría no calentarnos la cabeza demasiado pronto, pero sí reponer los arsenales de la inteligencia para darle cabal respuesta a su tiempo. No se pueden derrumbar dos siglos de democracia en el mundo con unos cuantos rebuznos de 140 caracteres.

Artículos relacionados

2 comentarios en “Continuemos estupefactos”

  1. Como siempre Pepe, en el avispero, que nos ha metido la democracia americana y espero que nos saque, tienen una buena constitución que esta por encima de determinados personajes.
    Creo que hay que esperar a ver que pasa, pero los distintos continentes, encabezados por Europa, tienen que dar una contestación, seca, razonable y solida.
    No nos pueden atemorizar los pistoleros.

    Un abrazo. Juan Arroyo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.