Premiar y olvidar

Premios Princesa de Asturias.www.fpa.es
Fotografía: Premios Princesa de Asturias.www.fpa.es
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Sigo por televisión la ceremonia de entrega de los premios Príncipe de Asturias (ahora Princesa de) desde hace muchos años y, confieso, que he pasado tardes muy agradables. Cuando el talento, la sensibilidad, las pasiones y esfuerzos humanos más nobles se premian, todo lo que rodea a estos actos es positivo, incluso las pitadas cuando las hay.

Estos galardones, 35 ediciones ya, han abierto un inmenso hueco de respetabilidad a nuestra Casa Real en el mundo. No se trata, sin embargo, de compararlos con otros también notables, basta solo con que hurguemos en su nómina de laureados y causas ensalzadas para comprobar cómo los distintos jurados han ido destacando personas, valores, aspiraciones y logros que luego, mutatis mutandis, vienen deshaciéndose en nuestro mundo y de manera muy especial en España.

Se ha venido premiando siempre a las humanidades a través de algunos de sus grandes protagonistas. Sin embargo, la filosofía, la
literatura, el arte y los artistas los venimos convirtiendo en «pavesas entre gritos» en nuestro país. El gran Emilio Lledó, el último premio de las humanidades, lo dijo el viernes pasado: «El cielo de las humanidades está en realidad lleno de nubarrones violentos». La investigación, la innovación científica y técnica también tiene protagonistas eximios. Sin embargo, nuestros investigadores intentan volar a otros mundos, cierran sus líneas de investigación y observan cómo otras naciones por detrás de nosotros en la carrera hacia el conocimiento (Corea, Indonesia, Sudáfrica) nos adelantan. La cooperación internacional, la exaltación de los éxitos de las ciencias sociales, cuando se alcanzan, han tenido en el teatro Campoamor uno de sus mejores escaparates en Europa. Pero España ha abandonado la cooperación internacional. La aportación del Gobierno no alcanza siquiera la propina del pobre. La ideología imperante ganó el discurso de que la mejor política social es el empleo, pero la economista francesa Esther Duflo, premio de Ciencias Sociales y autora del libro Repensar la Pobreza, afirmó el viernes en el Campoamor que si escuchamos a los pobres «podremos construir una caja de herramientas de políticas públicas eficaces».

¿Escucha alguien a estas personas?La mayoría de los sabios que allí han recibido un premio (porque muchos lo son) dibujan el futuro sobre lienzos cogidos en cada uno de sus ángulos por las palabras belleza, equidad, esfuerzo y democracia. Lo que ocurre, al parecer, es que fuera del proscenio ovetense los poderosos no piensan de la misma manera. Uno de los colosos premiados, Francis Ford Coppola, afirmó en el curso de una clase magistral impartida en un atestado bar de Gijón que: «Vivimos momentos difíciles para los creadores personales. Hollywood es solo una idea: hacer películas para ganar dinero». Lo dice uno de los doce apóstoles del cine.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.