Alimentos de Temporada

Teresa Muñiz. Sin título. Acuarela sobre papel 100 cm x 70 cm año 1996
Fotografía: Teresa Muñiz. Sin título. Acuarela sobre papel 100 cm x 70 cm año 1996
Teresa Muñiz. Sin título. Acuarela sobre papel 100 cm x 70 cm año 1996
Teresa Muñiz. Sin título. Acuarela sobre papel 100 cm x 70 cm año 1996

Me comenta un colega que ha pasado unos días panza al sol en los aledaños de Vera, que las gentes de los plásticos estaban algo más que mohínos porque los melones y las sandías -“lo más del verano español, junto al tomate”-, se los habían pagado a precio de miseria. Confirmaré esta y otras habladurías con mi amigo Carlos Romero, exministro de Agricultura y estadístico del Estado, porque de éstas, y de tantas, no se le escapa una.

Sabemos que estas putadas son habituales en el mercado de los alimentos. Cuando puedes ganar unos céntimos al producto de temporada viene ese listo del ministerio o de la macroimportadora y decide que nos inunden un tiempo de melones y sandias, de pollos y corderos, de rayos y centellas por aquello de la inflación.

Así las cosas, nadie que no tenga su propia huerta está seguro de donde viene lo que come. Y algo aún más descorazonador: pronto todos olvidaremos el lugar donde crecía ese tomate rosa de 400 gramos la unidad, la berenjena nazarena que destaca en la verdulería o esos puerros tan largos y regulares que parecen varas.

Viene todo esto a colación de la perplejidad que me ha producido leer la relación de alimentos de temporada para septiembre que recomienda consumir la Fundación Dieta Mediterránea que, por otro lado, viene haciendo una labor encomiable. ¿Son de temporada el albaricoque, la ciruela o la pera, por ejemplo?, o ¿entre las verduras: el ajo, la alcachofa, el rábano o la remolacha?. Hombre, pues sí y no. Según en qué lugar de esta patria nuestra tan trufada abramos la boca, serán de temporada o no.

Porque de Madrid para abajo el albaricoque es ya un hueso en la basura, la ciruela se desvanece y el tomate y el pimiento se achican, rajan y palidecen en las matas. Sin embargo, el porte del tomate del norte, pongamos que de Cantabria o Huesca, es envidiable. Y no hablemos del melocotón maño, el mango de La Axarquía o el higo cacereño. ¿Quién disfruta ahora del rábano pionero, la remolacha fresca o el repollo precoz?. Solo el que esté junto a esos mercados primorosos de levante y pueda pagarlos.

Habría que ser más cuidadoso cuando se habla de alimentos de temporada en un mes concreto y en España. Lo más correcto sería distinguir como alimentos del tiempo aquellos que se producen de la manera tradicional durante un ciclo concreto y en una zona geográfica específica. Porque la sandía que vuela entre continentes, el kiwi que madura en los contenedores portuarios o la uva por navidad son otra cosa.

Alicante dentro de pocos días abrirá esa granada dulce y de orfebrería que en las laderas de Gredos o la cuenca del Jalón es ahora sólo verdísima pelota coronada. El tomate, que ya ha embotado la abuela Anita en Ronda, es en septiembre “el macho de la piara” de las ensaladas en los caseríos vascos.

Consumir de temporada es más barato, sí, más rentable para el productor, el transformador y el vendedor, también, más sano, quizás, pero también tiene unos trucos que conocen a la perfección aquella o aquel que visita regularmente los mercados municipales o se asoma a las huertas o los campos de frutales junto al experto. Porque no es cierto que los “tomates hayan dejado de saber como los de antes”, o las berenjenas hayan perdido los recuerdos almibarados de sus semillas párvulas. Ocurre que han sido sepultados por millones de toneladas de alimentos de temporada.

TERESA MUÑIZ es asturiana pero hecha en Madrid, donde estudio en laEscuela de Bellas Artes de San Fernado, y vive. Crea y enseña pintura desde siempre. La abstración, el color, la determinación y el misterio son los puntales de su obra. Admira algunas de sus pinturas en su web.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.