
Desayunar en un hotel ya no es lo que era. Todo españolito de cualquier condición ha podido soñar y, en ocasiones, disfrutar de un opíparo desayuno de hotel. Los muy ricos y extravagantes observando indolentes desde su suite como enfilaba lento, pero decidido, el yate del amigo Clifford (96 metros Seguir leyendo
