El año amanece con aludes

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Llevamos un tiempo demasiado largo viviendo entre la sorpresa, el asombro y el miedo. No pasa un día sin que tengamos una ocasión estelar – el pasado 6 de enero lo fue – tal que un carnaval en el que intimarán con química María Antonieta con Cuasimodo, la Estatua de la Libertad con Trump y se oiga a nuestro Abascal piropear a la Constitución que aparecerá de blanco como la diosa Afrodita. Todo es confusión en tanto aumenta la desigualdad, y los más feroces se han hecho los reyes de la noticia y las redes. Cada uno de sus rebuznos, calumnias o sonoras equivocaciones se convierten en trending topic, en tanto que gobiernos, instituciones, empresas y sociedades organizadas, que aún se mantienen al timón del mundo a la deriva de un cambio fabuloso y rapidísimo, son masivamente despreciados, atacados y, al cabo, odiados.

Manda la acción permanente, la palabra brutal y la batalla política es a vida o muerte. A los que aún creen en el pacto o el acuerdo entre adversarios, se les abrasa con argumentos furiosos sacados de la fragua de las mentiras y catapultados por el odio o la revancha. La meta es la extinción del contrario. Las sociedades y las naciones se dividen peligrosamente, y los primeros sans-culottes que aparecen en la vanguardia no son en su mayoría más que mostrencos en pie de su pobreza material e indigencia cultural; criaturas motorizadas por la arenga de un líder sectario y alimentadas gracias a las mentiras redescubiertas  en añejísimos mitos preculturales y en el racismo. Se creen la alternativa a la democracia decrépita cuando en realidad son solo hombres y mujeres en cueros al asalto del Capitolio, por ejemplo. ¿Es esta la respuesta política que necesita el mundo? ¿Lo es, sin ir muy lejos, Isabel Díaz Ayuso por Madrid y, acaso, por España?

 

“¿Beneficia en algo ser templados?”

 

Nadie sabe si aún estamos a tiempo de driblar el fenomenal iceberg del autoritarismo, la brutalidad y la desigualdad que estos sectarios traen. Los hombres de ciencia política más prestigiosos y talentosos del mundo se afanan en proporcionar multitud de avisos, aunque al cabo, solo anuncian malos tiempos. ¿Estamos destinados sin remisión a una suerte de tiempo zombi?

El calambrazo mundial del asalto a la sede de las cámaras legislativas de Norteamérica, sin embargo, podría ser una ocasión única – acaso no suficiente – para que millones de personas en el mundo, cegadas por la decepción que son sus vidas, entreabrieran los ojos y observaran en directo la realidad del mundo alternativo que ofrecen tantos vociferantes como Trump. Los demócratas de aquel país han reaccionado rápido: Trump debe ser expulsado de la presidencia de la nación por incapacidad manifiesta o, acaso, mediante un impeachment.

Pero, con la misma rapidez, aparecen las dudas. ¿Queremos hacer un mártir? ¿Dividimos y radicalizamos aún más Norteamérica? Se trata una vez más de activar la querencia por las respuestas contemporalizadoras de las democracias, pues así creen no parecerse en nada a lo que promueven los vándalos. Este argumento, es cierto, ha fortalecido en no pocas ocasiones a las democracias, afianzando y progresando en sus ideas civilizadoras. No obstante, ahora estamos frente a un adversario que busca su destrucción como nunca antes desde el fin de la II Guerra Mundial.  ¿Beneficia en algo ser templados?

 

“No existe buena política fuera de la justicia democrática”.

 

No lo creo.  Se trata de combatirlos con celo creciente y más medios de todo tipo, en especial políticos, legales y culturales. A estas alturas, se conoce casi al detalle cómo se alimenta y crece este movimiento llamado genéricamente iliberal. Por tanto, privarle progresivamente de su menú debe ser prioritario. Por ejemplo, bastó con que las princípiales redes sociales dejaran mudo por unas horas (y luego hasta dos semanas) al ricacho neoyorkino para que se tambaleara su estrella.

En España tenemos un buen ejemplo con el manejo que se hizo de la suerte de Tejero y sus golpistas: su condena convirtió su desafuero máximo en vitamina para la democracia. Pasados cuarenta años de la intentona, dos generaciones de españoles se habían olvidado de palabras como golpe de Estado que, oh casualidad, reaparecen en boca de algunos militares franquistas cuando los amigos de Trump y compañía en España enarbolan las banderas de la patria y la muerte al mismo tiempo. Algo parecido podríamos decir de la gestión política, judicial y ciudadana que se viene haciendo de los secesionistas catalanes y sus violaciones de la Constitución. Ellos sostienen que mantener a sus líderes en la cárcel no ayuda al “entendimiento con España”. Eso podría valer cuando no estuvieron encausados y juzgados, después es solo la ley quien ordena. Y no existe buena política fuera de la justicia democrática.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.