Esa panza de burro que nos asfixia

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

El mundo de la pandemia tiene múltiples caras. Es un poliedro infinito que refleja nuestro rostro desde millones de perspectivas. Todas, sin embargo, tienen un fondo de color parecido, pues es nuestro ánimo, en el filo de la derrota, quien le presta la luz, ora cárdena, ora sepia, a sus amaneceres y a la tarde. O ese también conocido como panza de burro, con que los canarios de Las Palmas describen a sus días monótonos de sol velado.

Un paseo por la playa de Las Canteras cuando la mañana abre su boca de octubre nos descubre el alma del europeo en la frontera de este momento. Un movimiento escaso de pasos y palomas bajo los millares de ventanas de hoteles y restaurantes en cuyas cristaleras se refleja el mar lento y vivo (aunque domesticado), como observador único de nuestra resignación en pantalón corto y de esa necesidad rutinaria del café matinal que mira la playa con la inconsistencia del perdido.

No hay niños, por tanto no existe el grito de su inocencia feliz. Solo algunas figuras de mujer magníficas, bellas y extrañas que saludan el día con los perfiles imposibles del yoga que nos vino del otro extremo del mundo; la arena recién planchada por los obreros municipales y el traqueteo extemporáneo de dos viajeros extraviados en el paseo marítimo.

La imagen reluciente del Teide, enmarcado en blancos, amarillos y grana de la tarde de ayer la tapó el toldo húmedo de la mañana; se oye el clic de la cucharilla removiendo en la taza y el saludo escueto de una lengua extraña. Dicen que en Gran Canaria, y en general en todo el archipiélago, miles de personas hablan más de cien lenguas y que todos se entienden con la única palabra de su paisaje.

Ahora, esperan con la boca abierta de par en par como cocodrilos desdentados, es decir, inocentes, que la misma mano que esparció la ponzoña de la Covid, la encierre en el ánfora de los venenos de la bruja. Porque casi la única noticia que conocen del mundo se llama viajero, ese que busca el descanso en un mundo desconocido de magia. Porque la isla que divisa la playa de Las Canteras desde sus crestas es un jardín desértico sembrado de ubérrimo aloe y el paraguas de flamboyanes tan inmensos como la desmesura onírica de un rey de la sabana.

 

«Lo único revolucionario hoy es esperar el viento de la ciencia».

 

Aquí, que rezan por el agua, se olvidan hoy, quién lo diría, de la plegaria diaria por la lluvia, pues solo quieren contemplar con toda urgencia el trotar distraído del rubio despellejado por sus arenales y la familia azul tuareg animada en sus paseos enormes. Ruegan que acaben las jeremiadas crónicas de la televisión y su conversación familiar recobre el sonido auténtico de la isla: calle tibia y paseo sereno para la conversación amistosa, la risa y esa mirada perenne siempre buscando un amor.

La espera en apariencia menos ansiosa, áspera y ruidosa, es la más herida, la más triste y resignada de todas porque es la primera que advierte la desolación. Los cambios más bruscos – de la sequía a la tormenta devastadora; de la abundancia a la media galleta por todo desayuno – son los que en realidad agrietan el mundo hasta convertirlo en un santiamén en un cuérrago inservible para vivir.

Esta es la percepción que muchos comienzan a notar en este tiempo de agonía generalizada. Claro que, desde las terrazas de Las Canteras, ese sentimiento tiene algo de la dulzura poética que encontraron los mejores artistas que pasearon los desiertos mexicanos o las planicies del medio oeste norteamericano al observar la puesta de sol esperando la noche. Saben, como ellos, que lo único revolucionario hoy es esperar a que el viento de la ciencia, la naturaleza y la virtud de nuestros mejores hombres y mujeres espanten del cielo esa panza de burro que nos asfixia.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

Artículos relacionados

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.