La loba de las nalgas blancas

Dibujitos de Bullito que fotografía Paula.
Fotografía: Dibujitos de Bullito que fotografía Paula.

El miedo es una sensación muy subjetiva. Mi tío José decía que es como el vértigo, unos lo tienen y otros no. También lo creo yo, aunque es verdad que a la inmensa mayoría de humanos, por ejemplo, los acojona el lobo, como con acierto también sostenía mi tío.

Pero a mí nunca me han asustado los lobos, o solo me pudo ocurrir en una ocasión cuando la pastora Nemesia gritó “¡Ahí va el lobo, ahí va el lobo!”, y lo vi. Su cabeza importante, hocico claro, orejas gachas, algo achaparrado y rápido.  Sus nalgas peludas y blancas. “¡Ahí va el lobo, ahí va el lobo!”, insistía Nemesia. Pero ni los perros ladraron, ni la pareja de mastines, Antón y Teresa, aparecieron. No obstante, Nemesia y yo habíamos visto al lobo. Ella con alarma y yo, que entonces no supe definir el sentimiento, puedo decir ahora que con placer.

En ocasiones, había oído aullar a los lobos de noche en el cortijo junto a mi padre, mi tío y los mozos. Y también había atendido intrigado a las largas charlas de Ramón, el carbonero, en su chozo gigante cuando iba a jugar con sus hijas. “Los lobos son necesarios, despejan el campo de alimañas, mantienen atento al ganado y alerta a los perros. Con dos buenos mastines, cuatro podencos y una escopeta cuando sea menester no hacen daño, o no más que las víboras y otras desgracias. A mí me gustan. Solo comen por necesidad, y ya quisiéramos los hombres criar a nuestros hijos como ellos a sus cachorros. Estos campos sin lobos, venaos y conejos creo yo que llegarían a secarse, fíjate”. “¿Secarse? ¿Que dejaría de llover?” “No, que ya no serían lo mismo, a mí no me gustarían”.

Ramón emigró pronto, lo más probable es que partiera tras conocer que alguien había abatido a la última loba de Campo Alto. Siempre he creído que fue aquella de las nalgas blancas que Nemesia y yo vimos perderse entre las mansiegas de un arroyuelo una tarde de verano.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.