Nuestro doble virus

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Iniciamos el verano agosteño con la certeza de haber obtenido un premio de 140.000 millones de euros con el que encarar los desastres de la segunda crisis económica (enorme) en una década. Con total probabilidad, es lo único reconocible como positivo que ha sucedido en nuestro país en más de diez años. Sin embargo, corremos la  persiana estival en nuestros pueblos y ciudades manifestando igual ofuscación y enfrentados como hace dos meses: hemos achatarrado la buena noticia en menos de una semana palabra a palabra.

¿Por qué somos tan cenizos los españoles? Es de tal tamaño nuestro cainismo que embarramos con palabras calumniosas el hecho de que los miembros del Gobierno aplaudan al Presidente Pedro Sánchez cuando llega a la sala del Consejo de Ministros un día después de los acuerdos de Bruselas. Más o menos en el mismo espacio de tiempo, la derecha parlamentaria italiana en la oposición aplaudía al presidente Giuseppe Conte, de centro izquierda, por el mismo motivo al llegar éste a la cámara italiana.

La batalla política española no parece siquiera la de partidos envenenados por el odio (pasión conocida que puede tener un final) sino la de desquiciados que apedrean sin más porque acaso han olvidado que representan al ciudadano. El asunto supera el calificativo de miopía política o enajenación de la realidad, se parece más al bandolerismo de los que buscan dividir (partir) las naciones o pueblos porque no aceptan, o no entienden, que el adversario político sencillamente gobierne.

 

«Convivimos con más virus que el covid-19».

 

Entramos en agosto con una buena noticia a pesar de todo, pero algunos procuran dar a entender que la lengua de fiebre y muerte del coronavirus bien activa sea también la llama que aviva a nuestro particular Lucifer, también llamado Pedro Sánchez, o Pedro y Pablo para los más versados.

¿Cómo es posible que la democracia española, que fue ejemplo en el mundo durante años, haya llegado a estar representada por unos insoportables que quieren segregarse (separatistas catalanes) y otros cuyo único afán sea reventar al Gobierno legitimo en cualquier circunstancia y sobre todo cuando acierta?

Aquí convivimos con más virus que el infecto covid-19, que no son precisamente de importación como se dice del coronavirus, sino autóctonos. El gran ruido del momento no lo propician solo gobiernos extranjeros y empresas pagadas para mentir y desestabilizar, la resistencia más destructiva es la que enfrenta a unos españoles contra otros a los que no se acepta.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.