… Y además la Casa Real entra en conflicto

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

La información en España entra en modo de crónica de guerra: todo es Covid-19, sus efectos y desgarros. Los periódicos y las radios (las redes sociales es otra cosa, eran ya la guerra, intoxicación y mentira) se manifiestan de forma muy similar a sus predecesores europeos de la segunda gran guerra que estudiamos en las aulas de Periodismo: les vale el movimiento de una única bala. Se diferencian, eso sí, en que no se aprecia el impacto patriótico (nacionalismo) y mantienen, por el momento, un sensacionalismo moderado en general. La oposición política no cejará en responsabilizar de todo (lo peor) que ocurra a Pedro Sánchez y su gobierno, a pesar de que la Sanidad pública con sus recursos es competencia exclusiva de las Comunidades Autónomas, también donde la derecha gobierna.

En este estado de alarma nacional (miles de afectados que llegarán muy pronto a decenas de miles y centenares de fallecidos), un sistema sanitario a punto del colapso y escasamente dotado, alguien, o algunos, deciden colocar en el centro mismo de la angustia nacional la nota sorprendente de que el rey Felipe VI renuncia a la herencia que pudiera recibir de su padre por sospechar que trae veneno: ese dinero (decenas de millones de euros) puede venir de una trama corrupta. Así que el rey hijo deja desnudo al rey padre ante los fiscales anticorrupción y la Audiencia Nacional que le viene siguiendo desde hace tiempo.

 

«Lo más útil que puede hacer Felipe VI es una limpieza profunda».

 

Felipe VI hace lo que no se atrevieron PSOE, PP, Ciudadanos y otros partidos menores en el Congreso al compartir el dictamen de los letrados de la Cámara que advierte de la inmunidad de don Juan Carlos cuando, supuestamente, se cometieron los hechos que investigan y se le imputan. Además, confirma el axioma de que la defensa de la corona está muy por encima del deber y respeto que deben los hijos a los padres y viceversa.  Porque en el predio de las casas reales, donde ese ramalazo divino de los monarcas no ha desaparecido del todo, ser o mantenerse rey está por encima de casi todo, incluso de la moral y puede que la ley.

Quienes aconsejaron colocar el comunicado de la Casa Real – previa filtración controlada a un medio de comunicación – en medio del rugir de sirenas que es nuestro país hoy, acertaron en que la noticia bomba no sería la portada dominante por días y semanas, pero también deben de haber pensado que este diamante informativo y fulminante político, difícilmente se va a aparcar. Esa “era de limpieza” que algunos lanzaron hace unos años con fiereza y que la sociedad en su conjunto hace suya ya, llegó y no se ha ido de la corona.

La impresión es que el gobierno socialista está bien implicado en el nuevo y espectacular episodio monárquico. Las monarquías de Occidente – salvo excepciones honrosas o milagrosas – están en el alero desde que la guillotina segó el cuello de María Antonieta a finales del XVIII. No es este el caso. Ocurre que las sociedades modernas solo las toleran si les resultan útiles. Quizás lo más útil que puede hacer ahora Felipe VI por su país es proceder a una limpieza profunda en casa y mantenerse, con los suyos, impoluto.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.