Todos preguntan por recetas

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Desde que un decreto nos enclaustró en casa, casi todos los que me llaman preguntan por una receta; qué clase de arroz utilizo o qué le puede poner más a tal ensalada. También se quejan de que conciliar es un infierno, que mejor sería la fiebre del virus que aguantar una tarde a los nietos pequeños en el mínimo salón. Pero yo cocino lo justo, solo recuerdo, y bien poco, las comidas que preparaban mi madre y mi padre; pero mantengo el más vivo recuerdo del libro de Simone Ortega “1080 recetas de cocina”. Este libro ha salvado a más de una generación de recién casados (o arrejuntados) que necesitábamos hacer pinitos de cocina más allá del huevo frito. Les recomiendo cuarenta años después el recetario, o mejor aún, el último compendio de recetas y consejos de su hija Inés Ortega.

Soy de los que opino que entre los millones de recetas que oferta Internet se esconden millares de troyanos; recomendaciones mentirosas o imposibles y relatos sobre cocciones o asados, por ejemplo, que tienen la misma lógica que las razones del loco. En ocasiones, pienso que hasta las escriben muchos de esos pinches o recaderos de trastienda recién llegados a las cocinas que en cuatro días se creen Paul Bocuse. También abundan las señoras (sí, sobre todo ellas) que presentan las comidas “como se hicieron siempre” o “como las hacía mi abuela”. Y sí, pueden ser un socorro que te ayude a salir del paso, llenar el estómago en el jolgorio o quizás matar el hambre. No recomiendo las recetas de los chef tres estrellas que menudean en las redes,  o recuadran revistas en esmeradas composiciones tipográficas, porque para su elaboración son imprescindibles tres condiciones que no disponemos la mayoría: gran cantidad de productos e ingredientes y un notable número de utensilios de cocina; tiempo sin medida y paciencia; y conocimientos, técnica, experiencia y hasta gracia en los sentidos.

El mejor plato es el que has heredado de la niñez; aquel que descubriste con asombro en la primera excursión adolescente al País Vasco o Roma; el que tantos momentos de placer te proporcionó siendo estudiante; el que te ofreció en su casa uno de los primeros amigos de trabajo educado en Francia; el que te emocionó un mediodía en aquel mesón tradicional; aquel que te recuerda a horno castellano de leña o al chiringuito levantino de mar y salazones; la receta que pediste a la amiga; la exquisitez que tallaste en el paladar para siempre y esa memoria dulce que te dejó el trozo de tarta en el último viaje.  La mejor cocina es la que vamos almacenando en la memoria del paladar a lo largo del tiempo sin dejar de ser curiosos nunca; de probar lo que nunca antes conocías; de hacer caso al que te aconseja sabiendo y lo descubres en sus ojos.

Este tiempo último de cuento es buen momento para retarnos con el placer de la mesa, el incienso de sus olores y aromas y la caricia tibia del vino. Porque ya estamos seguros de que las grandes instituciones del mundo y los países más grandes son tan frágiles como nosotros los humanos; y la Cultura, con mayúsculas, podemos borrarla (prescindir de ella) como quien elimina con el cursor una errata. The End.

 

«La única felicidad es la salud».

 

Después de tanto progreso y globalización acabamos de recordar de golpe y porrazo que la única felicidad es la salud y nuestro verdadero alimento está en un sorbo de agua, un trozo de pan y la bocanada de aire puro que nos llena el corazón.

Disponemos de innumerables productos para la mesa en tiendas y supermercados con los que santificar nuestros almuerzos y cenas con solo acudir a nuestros recuerdos atrapados en la boca.

La pandemia del Covid-19 pasará, o nos dejará una huella indeleble por generaciones, como anticipara – y estos días se recuerda – Gabriel García Márquez en “Cien Años de Soledad”, al recordar la peste que asoló Macondo: “Cuando José Arcadio Buendía se dio cuenta de que la peste había invadido el pueblo, reunió a los jefes de familia para explicarles lo que sabía de la enfermedad del insomnio, y se acordaron medidas para impedir que el flagelo prosperara (…) Tan eficaz fue la cuarentena que llegó el día en que la situación de emergencia se tuvo por cosa natural”.

Vendrán más morrinas que nos joderán y diezmarán, pero nuestra obligación es doblegarlas haciendo que convivan con nosotros. La buena mesa bendecida por el tiempo y la palabra ayuda a salvarnos de su malicia.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Un comentario en “Todos preguntan por recetas”

  1. Gracias Pepe, por tu humor y animo para llevar la situación es una buena idea, yo me he acordado de la comida de mi madre allá en el pueblo, finales de 50 principio de 60, eso si eran recetas y buenas comidas con lo justo. Un abrazo y adelante todos, esta batalla la vamos a ganar.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.