El aperitivo: curar con la palabra

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

El aperitivo es un clásico en España, un hábito, una necesidad, una cura. Es como un árbol frondoso en el que crecen enormes y alargadas ramas que en su tiempo nos alumbran con flores multicolores y olorosas. Le llaman también tomar un café, una copa, unas cañas, unas risas o vámonos al centro, a Malasaña, al Arenal, al Tubo, a la calle Laurel…, a ese lugar o espacio donde especialmente el joven acude como el que necesita un beso urgente de quien ama o simplemente para limpiarse las telarañas del día o sacudir los cascotes que le dejó la semana en la chepa.

Los españoles somos muy de salir, como en general todos los mediterráneos. La calle, la plaza, la terraza o el bar son nuestra segunda casa, o la primera en multitud de casos. Es nuestra mejor, más atinada y antigua manera de socializar. La palabra, la risa y, en ocasiones, las canciones, nos espolean más que cualquier otro afán. Nuestros mejores deseos – y acaso algunos flecos del amor – los proyectamos en estos momentos: instantes que nos animan mucho más que cualquier otro anhelo personal o social.

Dos cañas relajan más que diez minutos de masaje en cuello y espalda, y un Gin Tonic a 24ºC y con leve brisa marina en la cara, incluso te hace creer que eres buena persona. Las tortitas vespertinas de El Corte Inglés y mil establecimientos más conocen la intimidad (con sus mentiras y cinismos incluidos) de nuestra clase media urbana con la precisión que Facebook jamás llegará a alcanzar, a pesar de los ingentes bombeos de inteligencia artificial que inyecta a la máquina.

El café, en sus centenares de formatos o presentaciones, guarda en su memoria de loro todas las fases de la soledad y sus caras, y la totalidad de las confidencias, pues gran parte de las decisiones que tomamos las construimos sorbo a sorbo. No hay canto de habaneras que no arranque después de un trago y viarios abrazos, y las chirigotas de Cádiz nunca hubieran sido escritas ni interpretadas sin ese perro encantado, verde y amarillo, que tienen tan a mano y llaman fino.

 

La borrasca del tiempo

 

El aperitivo es el psicólogo nacional, como antaño lo eran las sillas a la fresca de nuestras madres y abuelas. En torno a un velador plateado o apoyados en la barra vamos expulsando, exhalación tras exhalación, las silicosis acumuladas en nuestras almas tan frágiles. Las emociones surgen como un popurrí de canciones conocidas: ora me irrito y blasfemo, ora te beso en la boca. El aperitivo no ciega ni empacha; no termina en jumera o en la ciénaga, tiene su límite. Hay que volver al trabajo, ir a comer, recoger al pequeño, esperar a que salga ella de trabajar. Es solo un tiempo para relajarse, para expulsar las miasmas del día y recuperar el aire favorable que tanto necesitamos a través de la palabra, la risa, la mirada y el abrazo.

Es el mejor tiempo para conocer y reconocernos. La mirada del otro importa, y el fluir de nuestras conversaciones suele venir espoleado por una espita abierta del subconsciente. Sí, hablamos del tiempo o de la noticia del día que impacta, pero en realidad somos nosotros que nos miramos tratando de conocer hasta qué punto nos besa o nos taladra el tiempo.

La borrasca, estancada y espesa, de nuestro último tiempo persigue al aperitivo sin siquiera haberlo conocido. Todo es trabajo: vivimos muy lejos del tajo, el transporte es caro y la vivienda imposible. Nos roban ese tiempo para la palabra y el desquite.

No saben (aunque tampoco les importa) el daño que infringen a la tropa trabajadora al robarle ese tiempo del café o la Coca-Cola. Desde que el desayuno se toma en un cubil dispuesto en la fábrica y la oficina, o las cañas son para el fin de semana, el incremento de antidepresivos, ansiolíticos y otras serotoninas se ha multiplicado por no sé cuánto en España. Somos los campeones de Europa también en este pastilleo.

¡Con lo bien que cura la palabra!

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.