Calmar la ira

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Comienza la campaña electoral y apenas se oyen palabras que vengan a calmar la ira y la enorme decepción de aquellos que se han quedado fuera del circuito del trabajo y de un cierto bienestar.

Esas palabras deben de venir de líderes solventes y sensibles que crean que manejando la economía de otra forma aparecerán las respuestas. El profesor Antón Costas escribía la pasada semana en La Vanguardia lo siguiente: “Necesitamos fomentar una economía vigorosa e innovadora; una gestión macroeconómica que evite recesiones largas; unos mercados de bienes y servicios competitivos que impidan que las empresas con poder en los mercados exploten a sus clientes (…). Una nueva ética empresarial cuyo fin no sea maximizar el valor para los accionistas y directivos sino el valor para el conjunto de la sociedad empezando por sus trabajadores”.

Parece un brindis al sol, una utopía. Pero no lo es: ese momento ya se vivió en Europa durante tres largas décadas después de que acabara la II Guerra Mundial, y en España después, aunque duró bastante años menos.

Los socialistas de Pedro Sánchez apuntan en esa dirección, en tanto que los populistas de derechas e izquierdas, con buena pituitaria para oler el malestar de quienes sufren, sin embargo, no saben cómo remediarlo y proponen el disparate de la autarquía y otros proteccionismos, o subidas exageradas e imposibles de impuestos.

La derecha conservadora, por su parte, va aún más allá: como los republicanos  de Trump, sencillamente, se olvida de la población que lo pasa mal y se centra en aquellos que sólo atienden a las bajadas de impuestos y las políticas rudas que imponen los mercados.

 

Se impone la astracanada

 

Con todo, de lo esencial para el bienestar ciudadano se habla y se dirá poco. Se impone el debate catalán y la astracanada. La gran manifestación que denuncia “La España vaciada” fue respondida por la derecha enviando a sus líderes a fotografiarse sobre un tractor y prometer bajadas del IBI.

La democracia tiene severos problemas y este es uno de los más relevantes: dejar descolgada del bienestar a una parte bien notable de la población. La desigualdad, el trabajador que no puede vivir con su sueldo, la clase media que se diluye y proletariza, es el cambio climático que achicharra al sistema democrático.

Los socialdemócratas afirman que son conscientes del problema, pero de momento nadie es capaz de torcer el discurso dominante del mundo financiero y empresarial. En un magnífico y expresivo fresco empresarial organizado hace unos días por el El Confidencial y PIMCO, el discurso de la ministra de Economía Calviño – que para sorpresa de muchos, además de macroeconomía, habla de pobreza y brechas territoriales – fue arrollado por la urgencia de las últimas semanas: las tensiones políticas y comerciales internacionales; Trump y China; y qué será de nosotros los europeos tan antiguos y demócratas.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.