Podemos, la destrucción

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

La larga batalla fraccional que arrastra a Podemos hasta una situación próxima al caos, precisa a estas alturas – una vez psiquiatras y psicólogos han realizado su trabajo y concluido el diagnóstico – de los dramaturgos para completar el fresco sobre la bóveda del cielo que no pudieron romper. Todo lo demás viene siendo relatado por los periodistas y las evidencias que muestran las palabras de sus protagonistas y ese caudaloso lenguaje no verbal con el que nos honran sus líderes y muchos votantes.

Es verdad que la desavenencia en los partidos políticos es una rutina que a diario los noticieros tratan de explicar. En política no funciona la amistad (sí el amiguismo). Los políticos se mueven con la fuerza de la ambición y los intereses, y la competencia entre bandos (sensibilidades decían los socialistas) es feroz. En general, aquello que critican del adversario, sobre todo los partidos de la derecha, aunque no sólo ellos, con mayor tronar de voces, desprecio e incluso ira, es la venalidad que más aprecian y practican.

Hay que rebuscar en el ideal político y el liderazgo para entender, entonces, cómo se mantienen más o menos unidos durante lustros Manuel Fraga y sus magníficos; Felipe González y Alfonso Guerra; Aznar y su grupo de duros o el mismísimo Santiago Carrillo en la oscuridad del exilio.

El ideal político los mantiene agrupados tanto como los intereses. Esto ocurrió con los socialistas. En la foto de la tortilla parecen un grupo de amigos, pero en realidad no lo eran tanto: lo que les unía era el ideal de libertad y democracia, y para alcanzarlo, necesitaban derribar la dictadura junto a otros muchos. Además, muy pronto asumieron el compromiso de llevar a España desde la democracia a Europa y al mundo. Alfonso Guerra, tan teatral, tan gráficamente andaluz, lo expresó muy bien con la historia de la pizarra de Suresnes.

La fuerza del ideal de libertad, el liderazgo y carisma de Felipe González fueron los que les mantuvieron unidos durante más de dos décadas y no la amistad o el interés. Felipe González y Alfonso Guerra descubrieron sus diferencias políticas y de enfoque muy pronto y no cultivaron la clásica amistad casi desde el principio de su relación política.

 

El lanzallamas de la destrucción

 

El flamante grupo de políticos que crea Podemos comienza a romperse desde el mismo momento en que toca poder institucional y político. Como en la mayoría de los casos, la amistad no funcionó y, además, llegaban ayunos de ideales positivos. En sus muy conocidas y populares mochilas solo guardaban un relato crudo de crisis y destrucción que, de manera cabal, representa en teatros el actor Alberto San Juan al describir nuestra última etapa democrática como una farsa en la que todo es fruto de un pacto infame del franquismo con los nuevos actores políticos que se alimentan del legado más negro de la dictadura.

Así que, el Pablo Iglesias hábil y demoledor de las tertulias, al carecer de ideal, empatía y carisma, pronto se revelará como un dictadorzuelo áspero y poco creíble, nada que ver con el líder atractivo que genera esperanzas. Podemos así, entra en problemas desde el principio porque nadie triunfa con un programa político que pretende demoler el régimen del 78 valiéndose del escombro social que amontona en nuestras ciudades y pueblos la enorme crisis económica que sufrió España y Europa. Nadie construye e ilusiona desde la negación y valiéndose del lanzallamas de la destrucción.

Así que, la foto hecha trizas de los cinco amigos que lanzaron este partido es, en gran medida, consecuencia de la ausencia de un proyecto de país. Porque las batallas en democracia no se ganan con solo abrasar al contrario, sino generando ilusión y dando esperanza a la población. Iglesias y Podemos son sinónimos de bronca y desconfianza. Ni siquiera se les ocurrió reinterpretar el mito del paraíso comunista con esos gifs tan molones que producen, y todo el programa electoral que compilaron como un Catálogo de IKEA se quedó en la primera página: la idea feliz que se describe en los 145 caracteres de un tuit, y después, el vacío: lanzallamas y sospechas.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.