Feliz año de tensiones

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Cada año ocurre algo parecido: con las campanadas de San Silvestre nos deseamos unos a otros todo tipo de extrema felicidad y suerte. Durante trillones de minutos, y por tantas vías como la tecnología posibilita los últimos años, nos convertimos en dadores y receptores de los deseos más nobles que han surgido del espíritu humano. Son palabras y eslóganes estándar muchos de ellos, tradicionales en su mayoría, pero los hacemos explícitos con tanto ardor, algarabía y chorrear de lágrimas afectuosas que hasta amor parecen y así lo recibe la mayoría.

Claro que, muy pronto, el día 1 de enero pero sobre todo el 2, cuando los periodistas ya llegaron al tajo, comienzan a volar las noticias. Alcanza rápido la extensa lista de subida de precios y los titulares que apuntan un futuro lleno de incertidumbre. Nuestro bienestar, nuestro dinero y la salud están a expensas de que se aprueben los Presupuestos Generales del Estado; que la competencia comercial y política USA – China amaine o se agudice; que los tipos de interés no suban, pues anunciaría no ya el enfriamiento económico cierto, sino una nueva recesión. Y como postre de arpías, este año nos alcanza la novedad de Vox. Sí, la España más vieja que se anuncia como el cambio necesario.

Así que el ser humano tan complejo, diferente y único es solo economía, una criatura al albur de sus humores. Todos somos euro, o dólar; yuan, yen, rupia o peso. Y nada más. Nuestro destino está en la mano del dinero. O sea, en poder del otro. Así que, en tal situación, el debate más en carne viva que se nos facilita en las primeras horas del año 2019 es la determinación de Vox de desfigurar la ley de violencia contra la mujer y arrumbar todo aquello que suene a memoria histórica para dar su apoyo a un gobierno PP – Ciudadanos en Andalucía.

 

Fiera del pasado

 

Quieren negociar su programa con la fuerza determinante de los votos; no se contentan con echar a los socialistas de San Telmo. El órdago que lanza la extrema derecha a sus primos de la derecha es grande: no tendrán la Junta de Andalucía de no mudar la piel. Así que, a pesar de tanto barullo como observamos los últimos días, ocurre que a Pablo Casado le preparan con urgencia textos farragosos para que los entiendan quienes deben de saberlo: que la violencia que se ejerce sobre la mujer o el hombre es de la misma raíz, naturaleza e intensidad; de la misma encarnadura, vamos. Así que se debe de tratar donde siempre se hizo: en la casa y, de llegar el caso, que sean las leyes y tribunales ordinarios quienes la traten. Y, claro, Franco no debe de moverse de Cuelgamuros, salvo en un imaginario (o real) bajopalio.

La verdadera excitación vendrá, no obstante, más adelante, al llegar ese tiempo donde se cuenta el voto. No debería sorprender si el encanallamiento contra la mujer pesa bien poco a la hora de las urnas. Los tiempos están cambiando. No hay un antídoto homologado, de momento, contra la fiera del pasado. El sentido común huyó y la razón se diluye.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.