Don Juan Carlos en las tertulias

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

De nuevo, el rey en las tertulias periodísticas, y más allá; bueno, el rey emérito, o el viejo o el anterior, el que abdicó. El escándalo Corinna no es extraño o raro en realidad. Se trata de un eslabón más, otra bola móvil del ábaco que se desliza por la barra del pasado más desconocido de Juan Carlos I. Lo único realmente llamativo del presente episodio viene de la persona que provoca el incendio político. Se trata del expolicía José Manuel Villarejo y un curioso en esta salsa avinagrada llamado Juan Villalonga, expresidente de Telefónica. Pero las revelaciones de la sorprendida examante de Juan Carlos, que nos dan a entender que el rey emérito manejó dinero oscuro (comisiones y otras entregas) con testaferros en Suiza, se han convertido en un volcán político en la sociedad del escándalo que está instalada en España desde hace años.

Es llamativo que un ex comisario de policía en la cárcel acusado de una decena larga de delitos (cohecho, revelación de secretos, blanqueo, falsedad documental, organización criminal…) haya provocado tal escándalo para defenderse con el chantaje. Parece decir a quien corresponda: arreglen lo mío o me llevo por delante el templo. Villarejo, un nuevo Sansón.

Unos, digamos que personas o instituciones tan representativas como Alfonso Guerra, el PP y hasta la Presidencia del Gobierno, defienden que nadie puede echar pulsos al Estado zarandeando de esta manera la monarquía. Y otros, Podemos, la extrema derecha y, yendo por derecho: miles de ciudadanos asqueados por tanta corrupción, ven a la Casa Real culpable. Y apuntan la salida del referéndum: monarquía o república.

La verdad es que la monarquía restablecida por Franco y luego refrendada democráticamente por la Constitución del 78, nunca estuvo del todo segura. A excepción de los socialistas y la gran mayoría de gente sencilla que la apoyan (¿continúan?) sin fisuras, el resto siempre tuvo dudas y no abandonó nunca las cavilaciones.

 

Aspereza y rechazo

 

Pero es en los últimos años, que culminan con la abdicación de don Juan Carlos y luego el discreto caminar de Felipe VI, cuando se viene tratando a la figura del rey con aspereza y airado rechazo en no pocas ocasiones. Primero fue Podemos, luego el nacionalismo separatista, y ahora, la sombra turbia de un pasado de don Juan Carlos hace que se profundice en la misma herida.

¿Qué hacer? Lo cierto es que cada año que pasa crecen las dudas ciudadanas sobre las bondades de la Corona, y el nuevo rey tiene escaso margen de maniobra para salir de la calle bien estrecha donde lo situó la Constitución, mientras el nuevo tiempo político no deja de hostigarle. Además, hace tan solo unas semanas que el Congreso de los Diputados echó a un presidente del Gobierno que no supo desprenderse del alud de corrupción que inunda su partido.

¿Por qué no investigar también al rey emérito? Seguro que existen grandes escollos jurídicos, además del gravísimo problema institucional y de estabilidad política que tal acto conllevaría. Aunque la tarea más difícil, acaso imposible de llevar a cabo con éxito, sería desligar la presunta acción delictiva de don Juan Carlos de la figura de su hijo el rey, que nada hizo, y sobre todo de la institución que encarna: la Jefatura del Estado en forma de monarquía.

Es poco probable que Hacienda, quizás de oficio, y la Audiencia Nacional se desentiendan del caso.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.