Adiós a un talento prodigioso

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

La relevancia de los hombres no la marca el tronar y el halago multitudinario de las despedidas tras su muerte. Su trascendencia se mide en la huella que dejan impresa en el corazón y el recuerdo de quienes vivieron o trabajaron con ellos y los amaron. Así pues, todas las culturas honran a sus muertos.

Pero existen personas, que nunca conocimos, cuya obra y pensamiento (y también su leyenda) nos siguen marcando después de siglos. Estas son las que llegan a millones humanos. Claro que buena parte de estas personalidades, llamémoslas decisivas, no acompañan a las sociedades eternamente desde que mueren. Un buen número de ellas son redescubiertas siglos después de que fallecieran (Aristóteles, Platón), y la mayoría de estos decisivos aparece y desaparece según las épocas. Los hombres somos así de caprichosos, ni siquiera sabemos convivir con nuestros dioses durante todo el tiempo.

Desde el siglo XVIII hasta hoy, decenios de grandes inventos y desarrollo tecnológico, del nacimiento y extensión increíble de la comunicación de masas, venimos adoptando más hombres decisivos que nunca en otras etapas históricas; y sobre todo  nos venimos zafando de los importantes per se como fueron reyes, militares, altos clérigos y santos. Nuestros notables comenzaron a ser inventores y arquitectos; poetas, literatos, científicos y filósofos; artistas, deportistas, cantantes y cineastas.  También matemáticos y físicos como Stephen Hawking.

 

Sin Nobel

 

El fallecimiento a los 76 años de un hombre “que iba a morir a los 25”, la desaparición de una criatura con una mente tan increíblemente brillante como menguado cuerpo (escribía ayudado por el dedo índice una media de tres palabras por minuto), ha servido para confirmar el cariño que le tuvo el mundo que le conoció primero por su enfermedad, por el impacto de sus teorías, luego, y siempre a causa de su humor y travesuras mil. Pero también porque se atrevió a teorizar sobre el Todo: explicar por qué y cómo se creó el universo y cuál será su fin. Y no hay nada que más interese al hombre que saber qué lo ha traído aquí y por qué.

A este hombre tan popular y querido, que ha discutido con la obra de Einstein y prescindido de dios, sin embargo, no se le concedió el Nobel dado que sus grandes teorías no fueron probadas luego por la ciencia. ¿Y cómo esta disciplina puede probar que ha ocurrido lo que aún está por suceder? ¿O lo que sucedió, pero que jamás tendremos prueba de ello porque su rastro se esfumó?

La mente de Hawking ha volado a lomos de mínimas partículas cuánticas sobre la gravedad cierta de Newton y la brillantísima y robusta relatividad de Einstein, buscando un diálogo (encuentro) entre lo que parece seguro y lo que solo es un sueño poderoso aún no explicado del todo. Y ahí se ha quedado. Ha apuntado hacia un relato del universo: desde el big bang al final del Todo. La mirada sobre las estrellas continúa penetrante. La mente del físico británico es el ojo humano que más lejos vio hasta ahora.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.