Todo (no) cambia

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

Mueve a la sonrisa, y en ocasiones a una leve melancolía, tantos mensajes como recibimos deseando cambios a mejor de nuestras vidas cuando nace un nuevo año. Se trata de un rito, un deseo quizás noble pero que en realidad habla más de resignación que de esperanza. Porque nosotros y nuestras sociedades cambiamos muy lentamente, y los momentos de agitación que vivimos no tienen porque ser necesariamente anuncios de mudanzas notables en nuestras vidas, sino bien al contrario, suceden porque nos hemos estancado, o mejor dicho, volvemos a embarrancar en ese mundo plagado de demonios llamado tradición y creencias.

Ansiamos -aunque en realidad la experiencia nos dice lo contrario- un cambio político que traiga unas elecciones, pero eso nunca llega a ocurrir ni siquiera parcialmente. Y es que en verdad no hemos dejado de ser esas criaturas a las que deslumbran las baratijas y los grandes sucesos, fuera una tormenta violenta ayer o una vídeo conversación con nuestro novio en el Himalaya en estos momentos. Asistimos a una nueva etapa de la historia en la que suceden grandes descubrimientos. Las tecnológicas nos traen el mundo al instante hasta nuestros ojos por medio del móvil,  y uno de sus principies, Zuckerberg, nos asegura que un día no muy lejano los hombres tendremos el poder y la magia de los dioses antiguos.

Pero nada de esto ocurrirá. No evolucionamos al paso de la piedra porque somos inteligentes, pero nuestro talento no es tan largo como para decidir los cambios ni como sociedad ni como individuos. Consideramos, por ejemplo, que Miguel Ángel lo cambió todo en el arte, cuando en realidad su genio hubiera sido imposible sin el precedente  luminoso del quattrocento y esa baja Edad Media que abría puertas al volumen y la perspectiva siglo tras siglo.

Lo nuevo no tiene por qué tener más futuro que lo antiguo, al contrario, con demasiada frecuencia es lo que más pronto perece. El futuro es de lo que permanece. No pensemos que todo va a cambiar porque creamos que vamos a estallar. Si el cambio no viene de la mano de la evolución y la paciencia, a todo movimiento sorpresivo deberemos de tenerlo por un retroceso.

Daniel Innerarity escribe en El País que “como nunca sabemos del todo si nos quedamos solos o somos el comienzo de un cambio, hagamos bien lo que tenemos que hacer por si acaso alguien culmina lo que empezamos”. Esta es una manera de comprender el suceder del mundo que viene de los griegos, que hacen suyo luego los grandes pensadores europeos e islamistas clásicos, y llega a nuestro tiempo sintetizado por Montaigne y en nuestro país traído ahora a su manera por el increíble Sánchez Ferlosio. Pero no nos engañemos: hoy, y puede que siempre, son muy pocos los que dejan el legado de su fórmula a otros pudiendo monetizarla ellos. Aunque no deberíamos desmayar, volverá la poesía y el remanso a los hombres, esos descubrimientos nunca serán superados mientras el hombre no sea comido por la máquina como ahora se pronostica.

PAULA NEVADO
A Paula Nevado, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo. Puedes seguir su trabajo en Instagram: @paula_nevado

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.