Filósofos en la selva

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

A los cocineros Michelin, y otros tantos que aspiran a la condecoración de la rueda, se les empieza a ver la cara marrón de su negocio: explotan a sus trabajadores. Sí, utilizan a los aprendices de cocina como si fueran clínex. Y lo cantan (tal cual) a los cuatro vientos sin remordimiento alguno y sin complejos, como Aznar. Jordi Cruz, la megaestrella de Master Chef, el dueño del laureado ABaC, de cuatro restaurantes más y un gimnasio; el guapo que explota su imagen a los altos precios de la publicidad gracias al altísimo conocimiento que le da la tele, se expresa así: “Un restaurante es un negocio, pero si toda la gente en cocina estuviera en plantilla no sería viable (…). Tener aprendices no significa que me quiera ahorrar costes de personal, sino que para ofrecer un servicio excelente necesito muchas manos. Podría tener solo 12 cocineros contratados y el servicio sería excelente pero si puedo tener a 20 será incluso mejor”. Como otros conocidos chefs, Cruz enfatiza que, aparte de “los conocimientos que no podría adquirir nunca en un máster, que la mayoría no podría pagar”, les proporciona comida y alojamiento.

¿Qué tipo de alojamiento? La vergonzosa cantada en este otro repliegue del fango laboral la proporcionó, casi al mismo tiempo, otro chef rutilante, el gaditano Ángel León, el hombre que, además de vendernos el mar como jamás pudo hacer su paisano Rafael Alberti, nos quiere convencer que el alojamiento que proporciona a sus 16 aprendices (que tampoco cobran un
chavo) en un piso ocupado de literas hasta en el salón y donde el óxido y la mugre son los reyes de la casa (repase el expresivo reportaje que El Confidencial publicó hace unos días), no solo lo considera “digno”, “idóneo” y en perfectas condiciones de habitabilidad, sino que amenaza: “Si quieren estos (los chicos), que se vayan, Aponiente no obliga a estos practicantes a estar en él”.

Como podemos ver, se expresa a la manera de un Trump de los fogones y con la determinación de aquel hombre espantoso que fue Jesús Gil. Pero lo más lacerante es que esta práctica parece generalizada en este sector de filósofos a la chanfaina. Da la impresión de que los ideólogos y líderes de estos templos de las sensaciones desconocen el significado de palabras tan usuales y corrientes hasta hace muy poco tiempo como salario, jornada laboral, horas extraordinarias, seguro de enfermedad, convenio, vacaciones … Será por ello que todos los Michelin callan tras saltar estas liebres podridas a la luz pública. Silencio de sepulcro en espera de que la olla que cuece siempre en su lumbre lo deshaga todo.

Hasta vernos sorprendidos por este desnudo integral que evidencia la selva laboral donde lanzan a tantos chicos (¿se corregirá alguna vez el gigantesco desfase entre oferta y demanda de empleo?), se nos venía contando que la inviabilidad económica de estos refectorios cardenalicios modernos era compensada manteniendo servicios de restauración paralelos y masivos (catering, bodas, bautizos…) a los que prestaban su rutilante nombre, junto con un buen número de bolos por el mundo: demostraciones gastronómicas, salones, ferias y servicios para ricos caprichosos, sean estos reyes o traficantes.

Ahora se descubre que los oros en sus dedos no se los colocaban solo estas nobles, esforzadas y artísticas tareas, sino otras más oscuras que conjugan con la explotación laboral.

P.D.- Cuando la policía o la inspección de trabajo descubren tinglados infumables de este corte, pongamos que orientales hacinados en sótanos inmundos o naves industriales recónditas, los responsables de tales calamidades se esconden y, si pueden, huyen. Estos chefs niegan la evidencia con la soberbia bruta de los viejos aperadores de labranza. A lo que se ve, servir a los poderosos del siglo XXI refina poco.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

Artículos relacionados

2 comentarios en “Filósofos en la selva”

  1. Bien Pepe!!!
    Desde qué leí la noticia de los chicos
    Explotados por el Chef de Aponiente y las declaraciones de Jordi Cruz reflexionaba en publicar algo que
    manifestara mi indignación y animara al personal a boicotear estos lugares
    Tu lo has hecho infinitamente mejor de lo que yo podría haber hecho
    Gracias!!!!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Cerrar

Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.