Espiritualidad hecha pedazos

Paula Nevado
Fotografía: Paula Nevado

…Y la iglesia católica mientras tanto insiste en que hay que guardar silencio en las procesiones, ser respetuosos con los creyentes, permitir que manifiesten su espiritualidad. Pero pocos le hacen caso, a lo sumo una parte de ese 20% que se manifiesta creyente y practicante. Aunque no son suficientes para amortiguar el guirigay de tantas procesiones. La iglesia tiene, no obstante, razón, el cultivo del espíritu (también vale decir el alma) precisa de recogimiento, de cierto control emocional y libertad íntima para comunicar (comulgar) con aquello que importa al individuo y le hace más profundo.

Alcanzar ese estado de quietud dentro de manifestaciones masivas hoy es un desideratum, un imposible delirio. Las iglesias, o al menos las que provienen del Libro, sólo alcanzan la aceptación y sumisión de gran número de fieles seguidores mediante la amenaza con ciertas formas infierno y el aplastamiento civil del heterodoxo o discrepante. Ahora esa forma de perpetuar su espiritualidad resulta imposible. Hace décadas -que sobrepasan el siglo- que el hombre europeo comenzó a buscar un sentido más auténtico y trascendente a su vida de otras mil maneras investigando, normalmente, en caladeros que la iglesia le había negado: naturaleza, arte, poesía, otras religiones menos punitivas…

No obstante, el tránsito del hombre hasta liberarse de las amenazas de los viejos dioses (o los nuevos tras customizar sus herrumbrosas tallas), está resultando demasiado duro para la mayoría, no tanto por quedar fuera del anillo protector de los antiguos sacerdotes, sino por su incapacidad para sobreponerse a las tecnologías (máquinas). Estas le conducen en volandas hacia una nada consumista que se conforma con las satisfacciones más epidérmicas: alimentarse (mal), hablar (de casi nada), viajar y relacionarse (mucho) y jugar, jugar todo el tiempo con los artefactos móviles que han colocado en nuestras manos y dispuesto ante los ojos.

Este hombre sin espiritualidad empieza a ser, curiosamente, un hombre que se desconecta de esa angustia llamada miedo. Asimila con enorme rapidez las condiciones del momento: paro, precariedad, inestabilidad, emigración… y decide aprovechar su tiempo como si pudiera ser feliz. Porque, ¿de qué otra manera se puede entender qu en la presente Semana Santa la ocupación hotelera supere el 90%, se den más de 5 millones de vuelos en avión y casi 15 millones de desplazamientos en automóvil, en un tiempo de amenazas locales sin fin y un mundo en convulsión donde un loco que manda demasiado le da por lanzar bombas a capricho?

Necesitamos un mayor cultivo de la espiritualidad precisamente para protegernos de la barbarie tecnológica y tanto dogma religioso y político. Mas, como vemos, el hombre moderno (conciencia de individualidad) y el democrático (conciencia de sociedad) no solo no logran afianzarse en la historia sino que se caen hechos pedazos en la misma patria donde nacieron: Europa.

A PAULA NEVADO, su inquietud y sensibilidad familiar, le han llevado a formarse en diferentes disciplinas creativas y trabajos artesanales. Desde hace años se las tiene con la luz y sus caprichos para adobar con ellos las imágenes que le interesan. Con esta colaboración traslada de manera abierta la búsqueda del mundo que solo puede capturar su ojo.

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Un comentario en “Espiritualidad hecha pedazos”

  1. Amén y respeto a las expresiones de lis otros aunque no se compartan.
    Tanto derecho tienen los de las procesiones s ocupar la calle como otros a manifestarse por la razón que sea.
    Un pico de espiritualidad o como se le quiera llamar no hace daño sino mas bien, bien

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.