Periodismo distinto

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Fotografía: http://www.jotdown.es

Es preciso estar muy atentos para advertir la existencia de nuevos periodistas que -entre tanto tráfico de palabras e imágenes en buena medida vacías y casi siempre dudosas- nos traen relatos diferentes, historias novedosas que llaman nuestra atención y algo aún más raro: estamos dispuestos a creerlas.

Algo nuevo se empieza a mover y crece en el mundo periodístico, precisamente en los tiempos de la muerte del papel prensa, el auge de los monopolios tecnológicos que dominan internet y la sensación creciente de que buena parte de lo que se nos cuenta es mentira o medio verdad, sesgado o parcial.

Cuando los principales púlpitos públicos son ocupados por políticos vociferantes y obscenos, y el llamado periodismo crítico se afana en chapotear a su lado (corrupción, desigualdad, migraciones…), ocurre que por los registros más inverosímiles aparece la grabación de un periodista que se infiltró en una banda criminal y descubrió cómo el tráfico de órganos no es un delirio más de la literatura fantástica, o ese grupo de colegas destripa denuncias, conversaciones y sumarios de víctimas del acoso escolar para revelar que no son hechos aislados, sino una plaga.

Observamos también, aunque aún con los ojos nublados del que padece cataratas, que los nuevos informadores se esfuerzan de manera obstinada en contarnos los hechos de nuevas maneras. Crecen los que insisten en descubrirnos sus hallazgos utilizando las herramientas de la literatura, a fin de dar una dimensión de gran dignidad formal y emotiva a los actos humanos más sencillos o incluso triviales. Es el llamado periodismo narrativo: contar largo y de manera hermosa e indagatoria cómo se rastrea en lo desconocido hasta desvelarlo. Parece un contrasentido esta forma de narrar los hechos en un tiempo en que millones de personas han dejado de leer y cuando la metáfora culta o no se la entiende o se la despacha como una cursilada. Pero es una forma de periodismo que es al tiempo un acto de valentía y acaso una advertencia.

Asistimos también al llamado periodismo transmediático: contar un hecho utilizando todo tipo de soportes: texto, voz, fotografía imagen, el cómic y hasta mil formas del collage, buscando sorprender al distraído de lo cotidiano o el ángulo más atractivo para atrapar al que se aburrió de convencionalismos y abandonó al periodismo acomodado o sometido. Renace, en fin, el periodismo gonzo, protagonizado por jóvenes profesionales que se hacen pasar por otras personas con el fin de rastrear en las inmediaciones de la verdad.

Los grandes de este oficio, cuando la libertad zozobra, han sostenido desde siempre que el periodismo remonta a la postre, porque la curiosidad es algo innato en el hombre. Ahora los nuevos periodistas, en medio del páramo, añaden a esta convicción su determinación para contar lo que nos sucede en este mundo de otra manera sorprendente y más atractiva. En cierta manera el nuevo periodismo tiende a bañarse, una vez más, en las fuentes del reporterismo de los años treinta y cuarenta del pasado siglo para volver a reconocerse socialmente útil, mirar de manera directa qué le sucede al hombre y observar los campos, fábricas y hogares donde vive hasta desvelar sus emociones.

Sí, asoma una nueva forma de narrar qué ocurre a nuestro alrededor, pero todavía es muy débil. Es nuestro deber cuidarla.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.