Los rusos

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Antonio Ramos, un desenfadado parlón que se presenta como hacker ante el público que acude a la charla/entrevista a dos (el otro es el exministro Eduardo Serra), pregunta a un alto mando militar que asiste al acto (a quien debe de conocer) cuál es el precio de una corbeta de las que fabrica España y vende a Arabia Saudí. “Unos 800 millones de euros”, responde el militar, “ y 350, una patrullera”. Antonio agradece el dato y comenta: “No se puede despreciar el daño que puede infringir esta corbeta en combate al enemigo, pero no creo que llegue a ser nunca tan demoledor como el trabajo de auténticos saboteadores de las redes dispuestos a poner patas arriba a un país por unos cuantos millones de dólares”.

Habla del hostigamiento ruso en el largo periodo electoral norteamericano, que nos trajo a Donald Trump, y del canguelo que ha metido a Europa después. Alemania y Francia, en vísperas electorales, están en alerta; la patria de Voltaire, en concreto, duda sobre si en el caso Fillon, y otras penurias que manchan a su establishment político, no intervienen, además, manos y mentes de fuera del país. La práctica Holanda avanza que no se fía de que no puedan trucar sus redes y manipular los resultados de los cercanos comicios. ¡Hasta debaten sobre la eventualidad de asegurar los resultados llevando todo el conteo al papel como se hacía antes!

Internet nos ha revolucionado. Es tan fenomenal su efecto que conduce al mundo a una nueva era. Pero en esa red inmensa y rapidísima -también barata y plagada de agujeros- se han colado bien pronto “los malos” con la intención de espiar, robar, asaltar, mentir y, al cabo, dirigir a las personas a su antojo. Muy pronto un número suficiente de humanos sospechará de ella y buscará armas para combatirla. Ya son muchos los Juan Sin Miedo que le atizan porque está regando el mundo de odio y mentiras.

¿Y qué nos parece a los españoles el espectáculo? De momento creemos que todo va bien, si exceptuamos unos cuantos episodios de ira, odio y asco. Internet es la ahijadera de los nuevos políticos y la autopista gratis total hasta hace bien poco por la que circulan los flamantes medios de comunicación digital y vuelan sus contenidos de sensación. O sea, un mundo provechoso aún. Nadie nos advierte de que “los rusos” tengan interés por nuestras cosas. Pero, ¿será esto cierto? ¿Tan insignificantes somos que nadie estaría interesado en desestabilizarnos? No deberíamos estar tan seguros. A los malos jamás le gustó la estabilidad. Fijémonos en la ejemplar Suecia, en unos meses de presión la han forzado a recuperar el servicio militar obligatorio.

Nuestra España institucional y política -a pesar del cuajo que exhibe el Presidente Rajoy– pende de un hilo. Faltaría con que Pedro Sánchez ganara las primarias socialistas por 9 votos para que el país vuelva a estar patas arriba: un PSOE hundido para siempre y Rajoy convocando elecciones de forma apresurada. ¡¿Y qué decir de la euforia del podemismo en sus redes?! Si alguien quiere tumbarnos de manera fulminante no tiene más que destinar un puñado de dólares a la red para que esta se emplee a destajo en propalar mentiras, cizañas y basuras.

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Acerca de este blog

Este blog nace de la necesidad de contar algo, por insignificante que sea, sobre todo aquello que me interesa o inquieta y que casi siempre tendrá relación con la comunicación humana en su sentido más amplio.

La política, la economía, las artes, los placeres de la vida, como la gastronomía, el cine o la literatura tienen aquí cabida. El mundo actual en crisis se ha convertido en una noria de opiniones libérrimas, con frecuencia desencajadas, que se afanan en la crítica feroz más que en tejer futuro.

Los líderes sociales de aquí y allá, lo admitan o no, se han quedado sin respuestas. Continúan sus tareas con torpeza ayudados por viejas recetas que abandonan de inmediato porque ninguna le sirve.

En esta especie de equivocación colectiva en la que estamos embarcados, este bloguero sólo pretende vivaquear en nuestro azaroso caminar a tientas con la pretensión de encontrar en alguna ocasión esa pepita de luz que nos recuerde que la esperanza es la emoción humana más necesaria de recuperar en este tiempo.